Relaciones económicas externas
Otros flujos de capital
Luego
del golpe militar del 24 de marzo de 1976, una de las primeras manifestaciones
de reconocimiento internacional explícito al nuevo gobierno provino del Fondo
Monetario Internacional (FMI), el cual aprobó un crédito por 127,6 millones de
dólares para la Argentina a fines de ese mes (1). La decisión respondió a un
pedido del gobierno argentino de compensación de la caída de las exportaciones
durante el año anterior.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también
estableció contactos inmediatamente con la nueva conducción económica. En
mayo de 1976 envió a Buenos Aires una misión "exploratoria" con el
objeto de conocer los detalles del plan económico y analizar la posible
participación de esa entidad en la financiación de diversos proyectos. Los créditos
rondarían los 300 millones de dólares y estarían destinados a las industrias
siderúrgica, frigorífica, pesquera, vivienda y exportaciones no tradicionales.
Los proyectos concretos en discusión incluían: el gasoducto Austral (87
millones), la planta celulósica Alto Paraná (30 millones), la construcción de
silos y elevadores (60 millones), un programa de mecanización agrícola y otro
de agua potable (30 millones) y la ampliación de la planta petroquímica Bahía
Blanca (80 millones) (2).
Las
negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se
formalizaron a partir de mediados de 1976. Ambas instituciones enviaron a Buenos
Aires sendas misiones para estudiar la situación del país y el nuevo programa
económico y evaluar la forma en que podrían contribuir a la recuperación de
la economía argentina (3).
El
propio Ministro Martínez de Hoz realizó una gira en junio de ese año por los
principales centros financieros de Estados Unidos y Canadá para gestionar apoyo
financiero (4). La actitud positiva del gobierno de Estados Unidos demostró el
respaldo oficial y allanó el camino para dichas gestiones, parcialmente
obstaculizado hasta entonces por las denuncias sobre violaciones a los derechos
humanos en Argentina. La respuesta de la banca privada también fue positiva: un
grupo de bancos se mostró interesado en aportar alrededor de 500 millones de dólares.
Ello dio lugar a una nueva misión en julio de 1976, en este caso con destino al
continente europeo (5).
Parte
de dichas gestiones estuvo orientada a transmitir seguridad a los potenciales
inversores acerca de la situación política nacional. En particular, el equipo
económico se preocupó por explicar el problema del terrorismo y de los
exiliados políticos, subestimando sus alcances (6).
La
gira europea del ministro Martínez de Hoz abarcó Alemania, Holanda, Bélgica,
Francia, España, Italia, Gran Bretaña y España. Incluyó contactos con las
autoridades de esos países, con grupos empresarios y con la banca privada, y
tuvo por objetivo central sondear la posibilidad de obtener préstamos que
permitieran a la Argentina afrontar los requerimientos que planteaban los
futuros vencimientos de su deuda externa (alrededor de 1.000 millones de dólares)
y poner en marcha algunos mecanismos de reactivación económica que permitieran
paliar la recesión (e.g., licitaciones de áreas petroleras, estímulos a las
exportaciones industriales). Esa fue la cifra global obtenida como resultado de
las dos misiones económicas (7).
Un
mes más tarde el Fondo Monetario Internacional acordó a la Argentina un crédito
contingente sobre la utilización del segundo y tercer tramo de su cuota (i.e.,
autorización para girar sobre ella (8)), lo cual permitió formalizar los
acuerdos con la banca privada para refinanciar las obligaciones financieras del
año 1976. Dicho crédito contingente implicaba asistencia financiera sobre la
base de un programa económico que el Fondo consideraba adecuado para superar
los desequilibrios económicos existentes. Al respecto, dicha institución
calificó el programa de Martínez de Hoz como "serio" y consideró
que sus ejecutores "gozaban de un respaldo que aseguraba la aplicación
continuada del mismo" (9).
Por
lo tanto, se concedió un préstamo stand-by
equivalente a 260 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro
(aproximadamente 300 millones de dólares). La carta de intención suscripta
contemplaba la aplicación de la cláusula "gatillo" (i.e., el
desembolso de monedas extranjeras a medida que la Argentina cumpliera con los
objetivos de política económica acordados) y la existencia de metas
cuantitativas en materia presupuestaria, de emisión de moneda y de pagos
externos (10).
De
acuerdo con el anuncio oficial, el financiamiento global obtenido alcanzó
exactamente los 1.300 millones de dólares (incluidos los 300 millones otorgados
por el FMI), discriminados según su origen de la siguiente manera: 500 millones
aportados por los bancos norteamericanos, 66 millones concedidos por los bancos
canadienses y 358 por la banca europea (11). Se trataba de préstamos a pagar en
un plazo de cuatro años, con uno de gracia, a una tasa de interés del 8%. El
ministro Martínez de Hoz enfatizó en esa oportunidad que este paquete de préstamos
no significaba un mayor endeudamiento para el país, sino una reestructuración
de su deuda externa, la que al 30 de junio de 1976 alcanzaba los 8.102,4
millones de dólares (excluidos los intereses) (12).
Asimismo,
hacia mediados de setiembre de 1976 el BID concedió préstamos por valor de 750
millones de dólares, como parte de una suma global de 2.500 millones que se
destinarían a obras de infraestructura durante los tres años siguientes (13).
Entre esas obras se contaban, por ejemplo, carreteras en la zona Mesopotámica,
obras en Salto Grande, construcción de silos, producción de celulosa y papel,
forestación, construcción de gasoductos, etc.
Por
ejemplo, el préstamo de 60 millones de dólares para la construcción de silos
se concretó a principios de 1977. Los fondos fueron canalizados por el Banco
Nación, el cual a su vez otorgó créditos a cooperativas, entidades y
productores para tales obras o similares (14). A esos fondos se sumaron otros de
origen local por 64,4 millones de dólares, por lo que la línea de créditos
ofertada alcanzó los 165,6 millones de dólares en conjunto. Los beneficiarios
(productores agrarios, sociedades de productores, cooperativas, explotadores
privados de elevadores de campaña o contratistas rurales) debían contribuir
con a su vez con 41,2 millones y recibirían créditos pagaderos a cinco u ocho
años, a una tasa de interés del 7,5% anual sobre saldos indexados. El objetivo
central del programa era aumentar en aproximadamente 1.800.000 toneladas la
capacidad de almacenamiento, lo que permitiría un mejor manejo de las cosechas
y de su comercialización. Estos créditos no sólo financiarían la adquisición
y/o construcción de silos y elevadores, sino también de secadoras de granos,
equipos de desinfección, máquinas de limpieza de granos, equipos e
instrumentos de control de humedad, temperatura y aireación, básculas, máquinas
de transporte de granos, etc. (15)
Similares
gestiones se iniciaron a mediados del mismo año en Japón, país del cual no sólo
se trató de obtener ayuda financiera sino también alcanzar un mayor grado de
cooperación económica a través de un incremento sustancial del comercio
bilateral (e.g., a través del intercambio de cereales por maquinaria pesada) y
de las inversiones niponas en Argentina (e.g., en la industria pesquera y
explotación petrolífera). No obstante, en el área estrictamente financiera,
el propio Ministro de Economía gestionó personalmente algunos meses después
créditos por alrededor de 75 millones de dólares para hacer frente a
compromisos de corto plazo (16).
En
abril de 1977 comenzó a gestionarse una nueva línea de préstamos del Banco
Mundial. Para ello, los técnicos del Banco Central elaboraron un informe sobre
la probable evolución de la economía argentina en los siguientes diez años.
El objetivo era que los nuevos fondos sirvieran para financiar proyectos ya
aprobados en el marco de la Ley de Promoción Industrial, canalizados a través
del Banco Nacional de Desarrollo (BANADE). Más adelante, se preveía obtener un
financiamiento mayor para las obras de la represa Yacyretá-Apipé (alrededor de
150 millones de dólares), emprendimiento del cual participaría el Banco
Interamericano de Desarrollo, aportando el 50% del préstamo (17). Otros
proyectos en cartera incluían el equipamiento y reparación de puertos,
construcción de un puerto de aguas profundas y reequipamiento ferroviario.
Una
de las consecuencias inmediatas de estas gestiones fue la firma de un crédito
del Banco Mundial en mayo de 1977, por un monto de 105 millones de dólares, con
destino a proyectos camineros (mejora del tráfico vial e infraestructura) que
facilitaran el transporte de productos agrícolas destinados a la exportación.
El préstamo gozaba un período de gracia de tres años y estaba sujeto a una
tasa de interés del 8.5% anual (18). Este financiamiento contribuiría también
a la realización de un estudio para el desarrollo agrícola regional en el
norte del país, la elaboración de un plan de transporte nacional, un estudio
sobre el uso del pavimento y un plan de seguridad del tránsito.
En
setiembre del mismo año un consorcio de cinco entidades bancarias austríacas
concedió un crédito por 10 millones de dólares al Banco Central de la República
Argentina (19). Se trataba de un préstamo libre, por el cual la Argentina no
estaba obligada a comprar material de origen austríaco.
Ese
mes fue crucial para la gestión del programa económico del Proceso, ya que el
Fondo Monetario Internacional concedió un acuerdo contingente o stand-by
por 185 millones de dólares. Si bien el acuerdo tenía como finalidad
prioritaria "lograr una mayor reducción de la tasa de inflación y la
consolidación de la mejora registrada en la balanza de pagos", fue al
mismo tiempo interpretado desde el punto de vista político como un claro
respaldo al gobierno de facto
(20).
Fue adjudicado luego de una exhaustiva revisión de los logros alcanzados desde
la iniciación del plan económico y de las metas comprometidas por el equipo
económico para la siguiente etapa.
Por
otra parte, en noviembre de 1977 el Banco Interamericano de Desarrollo otorgó
un crédito de 83 millones de dólares para financiar programas de provisión de
agua potable en áreas rurales y urbanas. Los fondos se componían de 31
millones de dólares provenientes de los recursos interregionales, concedidos a
una tasa de interés del 8% anual por un plazo de veinte años, con cuatro años
y medio de gracia después de la firma del contrato, y 52 millones de dólares
provenientes del fondo para operaciones especiales, prestados a una tasa de
interés del 3% anual por un plazo de 25 años, con cuatro años y medio de
gracia (21). Los planes serían ejecutados por el Servicio Nacional de Agua
Potable y por Obras Sanitarias de la Nación, actuando la Caja Nacional de
Ahorro y Seguro como agente financiero. La población afectada sería de
aproximadamente 400.000 habitantes.
Para
ese entonces se hallaban avanzadas las tratativas con el Banco Mundial para la
obtención de una masa de créditos por un total de 200 millones de dólares que
serían utilizados para ampliar la capacidad operativa del BANADE, el cual los
destinaría a su vez a impulsar la actividad industrial (22).
A
principios de 1978 el Banco de Exportación e Importación (EXIMBANK) encabezó
una operación de créditos, por un monto total de 19.040.000 millones de dólares,
a ser aplicados en la modernización y ampliación de la planta siderúrgica de
Acindar en Villa Constitución (cerca de Rosario) y la construcción de la
empresa Polisur, una de las firmas satélites del complejo petroquímico de Bahía
Blanca (23).
Como
parte del proceso global de endeudamiento en el que incurrió el último
gobierno militar, también pueden citarse las colocaciones de empréstitos en
mercados de capitales extranjeros. Entre 1976 y 1978 el Poder Ejecutivo autorizó
tres colocaciones (todas ellas a siete años) en la República Federal de
Alemania, las cuales involucraron montos cada vez mayores (la tercera de ellas
por 150 millones de marcos, es decir, 71,3 millones de dólares) (24).
En
febrero de 1978 se formalizó la concesión de un crédito por parte del Banco
Mundial, cuya negociación se había iniciado el año anterior. Se trataba de
105 millones de dólares que serían destinados a financiar el programa de
ampliación de la capacidad de almacenamiento de cereales, de acuerdo con un
plan elaborado por la Junta Nacional de Granos. Dicho plan preveía la
construcción de veinte elevadores de cien mil toneladas cada uno en importantes
zonas productoras y se complementaba con mejoras ferroviarias destinadas a
facilitar el transporte de la cosecha hacia los principales puertos de embarque
hacia el exterior (25).
Además,
la misma entidad otorgó en mayo otro crédito para el agro por un monto de 60
millones de dólares que se destinarían a un plan de tecnificación agrícola
que afectaría a unos 4.500 agricultores. Los fondos se canalizarían a través
del Banco Nación y serían reembolsados en un plazo de nueve años, con cuatro
de gracia, a una tasa de interés del 6% anual vencido, ajustable según el índice
de precios mayoristas (26).
Por
su parte, las empresas públicas también se endeudaron en el exterior. En
conjunto, ellas fueron durante todo este período fuertes demandantes de créditos,
llegando a adeudar al exterior al 31 de diciembre de 1982 la suma de 11.775
millones de dólares, lo cual representaba el 48,5% de la deuda pública externa
y el 30,3% de la deuda total del país (27).
Para
citar sólo algunos casos puede señalarse que, por ejemplo, en agosto de 1977
la empresa Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires (SEGBA) recibió del
Banco Mundial 115 millones de dólares para obras de ampliación de sus
servicios (28). En febrero de 1978 el Poder Ejecutivo, a través del Decreto Nº
4078, aprobó el contrato de préstamo a suscribir entre Agua y Energía Eléctrica
como prestataria y un consorcio bancario extranjero integrado por la Interunión-Banque,
Atlantic International Bank Ltd., Canadian American Bank S.A., Centrale
Rabonbank, European-Arab Bank S.A., Marine Midland Bank y The Tokai Bank
Limited, por un monto de 30 millones de dólares (29). En este caso, el Estado
argentino servía de garante de la operación financiera. Los fondos estarían
destinados a la cancelación de una deuda que por esa suma mantenía la empresa
con el Banco Nación. En mayo de 1978, un consorcio de bancos internacionales
liderados por el Banco de Boston y el Bank of Montreal concedió un préstamo a
siete años por 50 millones de dólares a ELMA para la renovación de buques.
Para la misma fecha un grupo de cinco bancos estadounidenses acordó, a través
de una operación organizada por la filial Nueva York del Banco Nación (30), un
crédito de 25 millones de dólares a SOMISA, a fin de que esta firma reforzara
su estructura financiera; el mismo contaba con la garantía de la Secretaría de
Hacienda y fue concedido a cinco años de plazo (31).
Durante
todo el año 1978 las cuestiones políticas continuaron influyendo en la marcha
de las negociaciones económicas, aunque nunca llegaron a convertirse en un obstáculo
insalvable. Algunos sectores del gobierno de Estados Unidos criticaban por
entonces la situación de los derechos humanos en la Argentina y proponían
aplicar presiones económicas para evitar mayores violaciones a los derechos
humanos. No obstante, no lograron un consenso unánime de la administración
Carter. Así quedó demostrado, por ejemplo, en setiembre de ese año, cuando el
Departamento de Estado autorizó al Eximbank a respaldar un préstamo de 270
millones de dólares que permitiría a la empresa Allis Chalmers presentarse a
una licitación internacional para la compra de turbinas destinadas al proyecto
hidroeléctrico argentino-paraguayo Yacyretá-Apipé. Este respaldo fue
interpretado en ambos países como una confirmación del mejoramiento de las
relaciones argentino-norteamericanas (32). Unos años más tarde, el Eximbank
extendió el crédito a 550 millones de dólares, a fin de contribuir a la
exportación de equipos a utilizarse en la construcción de la represa; la
operación se concretó a una tasa de interés del 7,75% anual, con diez años
de gracia y 10 para el repago; la empresa Allis Chalmers fue la encargada del
suministro de 20 turbinas de 135 kilovatios por un valor de 287 millones de dólares,
mientras que 242,4 millones fueron destinados a la adquisición de camiones,
topadoras, niveladoras y aplanadoras y 117,6 millones fueron usados para la
provisión de grúas, bombas, transformadores y equipo electromecánico. Esta última
operación contó con el aval explícito del Congreso norteamericano (33).
El
crédito del BID para el proyecto Yacyretá mencionado anteriormente fue
finalmente aprobado a fines de 1978. El mismo alcanzó la suma de 210 millones
de dólares y se complementaría con otro, por una cantidad equivalente, a ser
concedido por el Banco Mundial (34).
En
noviembre de 1979 el BID concedió otro préstamo por 44,2 millones de dólares,
cuya gestión estuvo a cargo del Banco Nación. Los fondos pasarían a formar
parte de una inversión mayor (alrededor de 99 millones de dólares) para la
electrificación de zonas rurales (35). Los beneficiarios serían cooperativas
eléctricas y otras asociaciones rurales cuyos miembros tuvieran como actividad
principal la agricultura o la ganadería. Las obras que podían financiarse por
este medio incluían la construcción de líneas de transmisión de alta tensión
y subestaciones de rebaje, el tendido de líneas de distribución primaria y la
instalación de puestos de transformación.
A
principios de 1980 el Tesoro Nacional volvió a endeudarse, esta vez en el
mercado del eurodólar, a través de un crédito de 250 millones de dólares
aprobado por Decreto 421 del Poder Ejecutivo en febrero de ese año. La operación,
en la que participaron dieciséis bancos de distintos países europeos, fue
concretada al mes siguiente (36).
En
abril del mismo año se suscribieron dos nuevos préstamos por parte del BID por
un total de 54,2 millones de dólares (37). Uno de ellos, de 44,2 millones,
implicaba la concreción de la tercera parte del programa de electrificación
rural mencionado anteriormente. El otro, de 10 millones, sería administrado por
Gas del Estado para la construcción de un gasoducto de 280 kilómetros que
conectaría los yacimientos de San Sebastián con Ushuaia, de modo de garantizar
el abastecimiento de gas a esa ciudad.
Asimismo,
el BID otorgó por entonces un préstamo de 90 millones de dólares con destino
a la construcción de unos 1.200 kilómetros de caminos considerados vitales
para mantener y promover el desarrollo rural. Las obras involucrarían la red
vial que cubría quince provincias del territorio nacional y alcanzarían un
costo total de 300 millones de dólares (38).
Ya
en plena crisis financiera, el Banco de la Provincia de Buenos Aires obtuvo un
crédito de 250 millones de dólares, concedido por un conjunto de 52 entidades
financieras internacionales pertenecientes a 14 países, con la intervención de
Morgan Guaranty Trust Company en calidad de agente de la operación. El convenio
fue firmado en Londres en mayo de 1980 y en esa oportunidad el titular del Banco
subestimó la situación por la que atravesaba el sistema financiero argentino.
Por el contrario, remarcó que "no existe crisis en el sistema, sino en
algunas de las instituciones que lo integran", calificando de
"corrección de distorsiones" a los hechos ocurridos poco tiempo antes
(39).
Continuando
con el proceso de endeudamiento de las propias empresas públicas, YPF recibió
un crédito de 175 millones de dólares en mayo de 1980, concedido por un
consorcio de bancos encabezado por el Lloyds Bank International Ltd. Los fondos
serían utilizados por la empresa petrolera para convertir y consolidar a largo
plazo la deuda externa de corto plazo con que ya contaba. En forma similar,
Aerolíneas Argentinas obtuvo un crédito manejado por el Deutsche Bank, el
Morgan Guarant y el Banco de la Nación, con un plazo de vencimiento de 10 años
y sobretasas de 0,625% para los primeros tres años y 0,75% para los restantes
(40).
El
propio Banco Nación obtuvo un préstamo de 350 millones de dólares en agosto
del mismo año. El mismo fue concedido por un amplio grupo de bancos de
distintos países, liderados por el Morgan Guaranty Trust Company. Se trató de
un préstamo a cinco años, con cuatro de gracia, pagadero en tres partes
iguales a fines de agosto de 1984 y en febrero y agosto de 1985 (41).
Hacia
fines de 1980 el Poder Ejecutivo aprobó por Decreto Nº 2232 dos convenios de
préstamos a suscribirse entre la Argentina y un grupo de entidades bancarias
estadounidenses. El destino de estos créditos sería la financiación de
trabajos de dragado de los canales de acceso al puerto de Buenos Aires. Uno de
los convenios, por 23.100.000 dólares, fue firmado por el Eximbank. En el otro
actuó como representante el Citibank de Nueva York y se obtuvieron 28.900.000 dólares
(42).
Casi
simultáneamente el BID otorgó a la empresa Gas del Estado un préstamo de 48,4
millones de dólares para la construcción de un gasoducto paralelo al Gasoducto
Norte (ubicado entre Rosario y Buenos Aires). Dicho monto cubriría un 30% del
costo total del proyecto, estimado en 161,3 millones de dólares (43). La obra
comprendía la construcción e instalación de 310 kilómetros de tuberías
desde la planta turbocompresora de San Jerónimo (en Rosario) hasta la terminal
de General Pacheco (en la provincia de Buenos Aires). Además, el proyecto preveía
la construcción e instalación de 110 kilómetros de tuberías para varios
ramales que llevarían el gas a distintas poblaciones próximas al gasoducto
principal. La ayuda crediticia provino de los recursos de capital ordinario del
banco y se adjudicó a veinte años de plazo, a una tasa de interés de 8,25%
anual. El Estado argentino fue garante de la operación.
Como
resultado de las operaciones mencionadas precedentemente, el monto total de préstamos
que la Argentina recibió del BID durante 1980 fue de 359 millones de dólares.
Así constó en el informe anual de esa institución, en el que se enfatizaba
que los fondos fueron destinados a las obras de riego en siete provincias (48
millones), a la ampliación de una planta de fabricación de equipo pesado (55
millones), a estudios para el aprovechamiento hidroeléctrico del río Limay (33
millones), a la reconstrucción y mejoramiento de 2.000 kilómetros de
carreteras (170 millones) y a la ampliación del Gasoducto Norte (48,4
millones). Además, el Banco aprobó un financiamiento de 500 mil dólares para
pequeños proyectos que tendían a mejorar la productividad de pequeños
agricultores del Chaco y renovó líneas de crédito para financiar
exportaciones por casi 5 millones de dólares (44).
Durante
el siguiente año, el BID otorgó un crédito de 33 millones de dólares a la
empresa Hidronor S.A., mediante un convenio aprobado por el Poder Ejecutivo por
Decreto Nº 15/81. Estos recursos serían utilizados para financiar la ejecución
de estudios para el diseño final y los documentos de licitación para los
aprovechamientos hidroeléctricos de Piedra del Águila (integrante del complejo
Alicopá), Pichí Picún Leufú y Michihuso (45). La obra de la central hidroeléctrica
de Piedra del Águila finalmente se emprendió dos años más tarde, gracias a
un nuevo préstamo del BID por 400 millones de dólares (46). Asimismo, la
Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA) recibió de un consorcio de
instituciones financieras internacionales un crédito de 100 millones de dólares,
aprobado por Decreto Nº 106 del Poder Ejecutivo, destinado a la construcción
de tres buques frigoríficos (47).
Para
la misma fecha un consorcio de bancos internacionales encabezado por el Deutsche
Bank otorgó, luego de una larga y trabajosa gestión, un préstamo de 250
millones de dólares a la Argentina. Se trataba de una operación a ocho años
de plazo, con cuatro y medio de gracia, a una tasa de 0,5% por encima de la
London Interbank Offered Rate (LIBOR) durante los primeros años y de 0,625% en
los restantes (48).
En
abril de 1981 se firmaron en Londres tres contratos de empréstito por una suma
global de 875 millones de dólares entre un grupo de bancos encabezados por el
Lloyds Bank Internacional y la empresa Cogasco (constituida por firmas
argentinas -Tecsa y Pamar- y holandesas -Royal Bdskalis Westminster) (49). Los
fondos se destinarían a financiar la construcción del Gasoducto Centro-Oeste,
de 1.000 kilómetros de largo, que trasladaría recursos gasíferos existentes
en las provincias de Neuquén y Mendoza hacia los centros de consumo del Noreste
y Litoral del país. El Estado argentino había otorgado a la empresa Cogasco la
concesión de la construcción y explotación (mediante el sistema de peaje) del
gasoducto por quince años, al cabo de los cuales el mismo pasaría a manos de
Gas del Estado.
Hacia
fines del mismo año el Banco Mundial aprobó el segundo tramo de un crédito
por 100 millones de dólares otorgado al BANADE. Los fondos estaban destinados a
financiar la modernización y equipamiento de empresas industriales y mineras e
incluían también una línea de crédito (10 millones) para el programa de
conservación de energía del Instituto Nacional de Tecnología Industrial y
para desarrollo económico de las provincias, estos últimos canalizados a través
de varios bancos provinciales. El plazo del préstamo era de quince años, con
tres de gracia, sujeto a una tasa de interés del 11,6% anual. No obstante, el
BANADE esperaba obtener financiamiento de fuentes privadas externas para
complementar estos fondos (50). La operación fue repetida a fines del año
siguiente, cuando el Banco Mundial concedió otro préstamo de 100 millones de dólares
para los mismos fines; las condiciones también eran similares: quince años de
plazo, con tres de gracia y una tasa de interés algo superior al 11% anual
(aproximadamente un punto por arriba de la tasa LIBOR) (51).
Mientras tanto, a fines de 1981 el BID aprobó un préstamo
de 66 millones de dólares para la financiación parcial de una central hidroeléctrica
sobre el arroyo Urugua-í (a 36 kilómetros de Puerto Iguazú, en Misiones). La
obra, con un costo total de 181 millones de dólares, sería ejecutada por la
Empresa Electricidad de Misiones S.A. (EMSA). El plazo estipulado para la
amortización del crédito fue de veinte años, con cuatro y medio de gracia, y
el plazo de desembolso, cuatro años. El interés anual fue fijado en 9,25% para
la parte de los recursos de capital interregional del BID y en 4% para los
recursos del fondo de operaciones especiales (52).
Por
su parte, el Eximbank aceptó garantizar un crédito de entidades privadas por
38 millones de dólares a Ferrocarriles Argentinos. Esta ayuda financiera se sumó
al crédito de 96 millones de dólares concedido anteriormente a la misma
empresa y tenía por objeto cubrir las dificultades financieras por las que ésta
atravesaba. De ese modo, Ferrocarriles podría adquirir locomotoras, coches de
pasajeros y piezas de repuesto necesarios para el programa de rehabilitación en
el que estaba embarcada (53).
Cuando
ya la deuda externa argentina había alcanzado un nivel extremadamente alto (54),
el gobierno argentino inició gestiones para obtener en el euromercado de
capitales 500 millones de dólares (en julio de 1982). Las gestiones fueron
encabezadas por tres grandes bancos norteamericanos (Citibank, Bank of America y
Chase Manhattan) los cuales, a instancias de la Reserva Federal de Estados
Unidos, trataron de facilitar la recomposición de la deuda exterior argentina
(55). Para ese entonces, las condiciones de financiación se habían endurecido,
ya que el estallido de la crisis de la deuda en América Latina era inminente,
las relaciones con Estados Unidos habían sido dañadas por la guerra de
Malvinas y el riesgo-país asignado a la Argentina por la banca privada había
aumentado.
No
obstante, la necesidad de afrontar el vencimiento de crecientes obligaciones
externas llevó al gobierno a comenzar la gestión de un préstamo
"jumbo" -tal como se denomina en la jerga financiera a las operaciones
de tal envergadura- por un monto de aproximadamente 1.000 millones de dólares,
bajo condiciones similares a las obtenidas un año antes para el empréstito
llamado "República", colocado entre 77 bancos extranjeros por el Bank
of America, por 600 millones de dólares (56).
Poco
más tarde, el gobierno presentó al Fondo Monetario Internacional un programa
de reactivación económica y ajuste, a fin de obtener un crédito stand-by.
El mismo fue aprobado, previéndose que la ayuda financiera fuera otorgada a
partir de febrero de 1983. El monto era de 1.700 millones de dólares, a los que
se podrían agregar luego otros 500 millones por caída en las exportaciones
(57). Las metas comprometidas en el plan oficial incluían medidas de
saneamiento fiscal y monetario (e.g. limitación de gastos públicos para
reducir el déficit presupuestario, rígidas pautas de expansión monetaria). Se
estableció también una meta de crecimiento del 5% en 1983 tanto para el
producto bruto como para el salario real y se previeron supervisiones
trimestrales del avance del plan, previas a los desembolsos, por parte de los técnicos
del Fondo.
Este
hecho fue por demás significativo ya que implicaba un respaldo político implícito
a un gobierno cuyo poder de negociación se había debilitado notablemente
-guerra de Malvinas, crisis del régimen y desenlace del proceso institucional
de por medio. Por lo tanto, se esperaba que la decisión del Fondo facilitara
las negociaciones con el resto de los acreedores externos e impulsara a la banca
privada internacional a conceder el crédito-puente por 1.000 millones de dólares
que se estaba negociando y que permitiría al país actualizar su mora
internacional de pagos. La negociación de este crédito en particular estaba
trabada por la reticencia del gobierno inglés a autorizar a los banqueros
privados británicos a participar en la renegociación de la deuda externa
argentina; la autorización finalmente se logró en diciembre de 1982, con lo
cual quedaron libres para intervenir y aportar los 100 millones de dólares que
les correspondían sobre el total (58).
En
síntesis, la entrada de capitales extranjeros por la vía de préstamos y créditos
tomados por el sector público fue abrumadora durante el período en consideración.
Además, en especial luego de la reforma financiera y dado el alto nivel
de las tasas de interés reales en el mercado local, las empresas privadas también
prefirieron pedir créditos en el exterior. Por eso, el incremento de la deuda
externa, sobre todo entre 1979 y 1980, tiene una contrapartida en los ingresos
de capitales por empresas y en aumento de las reservas del Banco Central.
Indudablemente, como se ha explicado en Implementación
e impacto, el establecimiento
de la pauta cambiaria -la "tablita"- también contribuyó a la atracción
de capitales.
El
siguiente cuadro refleja el impacto del ingreso de estos flujos de capital sobre
la balanza de pagos y la deuda externa:
|
BALANZA
DE PAGOS Y DEUDA EXTERNA BRUTA |
||||||
| RUBRO | 1977 | 1978 | 1979 | 1980 | 1981 | 1982 |
| Cuenta corriente | 1,3 | 1,8 | 0,5 | 4,7 | 4,7 | -2,4 |
| Neta de intereses | 1,8 | 2,6 | 0,6 | 2,6 | 0,9 | -2,6 |
| Ingresos de capital | 1,3 | 1,3 | 4,7 | 2,6 | 1,5 | -2,3 |
| Empresas | 1,1 | 0,7 | 4,2 | 2,0 | 1,1 | -3,1 |
| Bancos | 0,2 | 0,1 | 0 | 0,4 | 0 | 1,1 |
| Gobierno | 0 | 0,5 | 0,5 | 0,9 | 2,5 | -0,4 |
| Balanza de pagos | 2,5 | 3,2 | 4,4 | -2,5 | -3,4 | -5,1 |
| Deuda externa bruta | 9,7 | 12,5 | 19,0 | 27,2 | 35,7 | 43,6 |
| Fuente: Dornbusch y de Pablo, 1988, p. 52. | ||||||
Por último, el cuadro incluido a continuación muestra el incremento del peso del servicio de la deuda pública sobre el gasto del sector público y como porcentaje de las ventas de las empresas públicas.
|
PARTICIPACION
DE LOS SERVICIOS DE LA DEUDA PUBLICA |
||
| AÑO | EN
EL TOTAL DEL GASTO DEL SECTOR PÚBLICO CONSOLIDADO |
EN
EL TOTAL DE VENTAS DE LAS EMPRESAS PUBLICAS |
| 1975 |
7,0 |
11,8 |
| 1976 |
11,0 |
10,8 |
| 1977 |
10,3 |
15,6 |
| 1978 |
15,7 |
16,7 |
| 1979 |
21,6 |
17,4 |
| 1980 |
13,3 |
36,8 |
| 1981 |
20,7 |
38,6 |
| 1982 |
44,2 |
49,6 (59) |
| Fuente: Instituto de Política Económica y Social, 1983. | ||
NOTAS
Ver La Opinión, 27/03/76, p. 11.
Ver Clarín, 06/05/76, p. 11; 10/05/76, p. 8; 22/05/76, p. 7; 18/06/76, p. 7.
Cf. Clarín, 28/05/76, p. 6.
Ver Clarín, 12/06/76, p. 7.
Ver Clarín, 18/06/76, pp. 6-7; 22/06/76, pp. 6-7.
Ver Clarín, 23/06/76, pp. 6-7.
Cf. Clarín, 16/07/76, p. 8; 27/07/76, pp. 6-7.
La cuota argentina en ese entonces era de 506 millones de dólares. El país sólo había girado sobre el primer tramo, que era el único integrado en oro. Los dos restantes eran aportados por los países miembros en la moneda nacional de cada país. Poco antes, la cuota argentina había sido aumentada a 604 millones, lo cual permitiría obtener un crédito de más de 300 millones.
Cf. Clarín, 02/08/76, p. 7.
Ver Clarín, 07/08/76, p. 5.
El Chase Manhattan, actuando como banco agente, realizó el mayor aporte: 75 millones de dólares. Dentro del grupo norteamericano lo siguieron el Manufacturer Hannover Trust (55 millones), el City Bank (50 millones), el Morgan (50 millones), el Bank of America y el Chemical (ambos con 40 millones). De los 66 millones obtenidos en Canadá, 21 correspondieron al Royal Bank of Canada. Dentro del grupo europeo sobresalieron 11 bancos británicos que aportaron alrededor de 60 millones (encabezados por el Lloyds Bank International, con un aporte de 15 millones), mientras que la banca francesa proveyó 30 millones; la alemana, 90; la española, 35; la suiza, 61,3; la holandesa, 20; la escandinava, 10,5; la belga, 16,2; la italiana, 25 millones; la austríaca, 10. Cf. Clarín, 01/10/76, p. 7.
Sobre ese valor, 4.160 millones correspondían al sector público y 3.942,4 al sector privado. Cf. Clarín, 01/10/76, pp. 6-7.
Cf. Clarín, 20/09/76, p. 8.
Ver Clarín, 19/01/77, p. 7.
Ver La Opinión, 19/02/77, p. 1.
Ver Clarín, 11/10/76, p. 7.
Cf. Clarín, 15/04/77. p. 13.
Cf. Clarín, 18/05/77, p. 13.
Ver La Opinión, 10/09/77, p. 13.
Ver La Opinión, pp. 1, 8-9.
Ver Clarín, 04/11/77, p. 13.
Ver Clarín, 08/11/77, p. 16.
Ver Clarín, 03/02/78, p. 11.
Ver Clarín, 07/02/78, p. 9.
Ver La Opinión, 22/02/78, p. 1.
Ver Clarín, 10/05/78, p. 14.
Cf. Instituto de Política Económica y Social, 1983, p. 72.
Cf. Clarín, 08/11/77, p. 16.
Cf. Clarín, 07/02/78, p. 9.
En realidad, ésta fue la segunda operación financiera organizada por el Banco Nación, con destino a una empresa estatal. La primera se había llevado a cabo poco tiempo antes y consistió en la obtención de un préstamo de un consorcio de siete bancos norteamericanos y uno canadiense por 50 millones de dólares a la empresa Vialidad Nacional para financiar obras del complejo ferrovial Zárate-Brazo Largo. Ver Clarín, 22/06/76, pp. 6-7.
Ver Clarín, 08/06/78, p. 11.
Ver La Opinión, 28/09/78, p. 1.
Cf. Clarín, 12/11/81, p. 14; 10/12/81, p. 14; 18/11/81, p. 16.
Ver Clarín, 12/11/78, pp. 4-5.
Cf. Clarín, 22/11/79, p. 20.
Ver Clarín, 26/02/80, p. 7; 12/03/80, p. 15.
Cf. Clarín, 14/04/80, pp. 12-13.
Cf. Clarín, 10/05/80, p. 9.
Ver Clarín, 14/05/80, p. 16.
Cf. Clarín, 30/05/80, p. 14.
Ver Clarín, 21/08/80, p. 19.
Cf. Clarín, 06/11/80, p. 10.
Cf. Clarín, 07/11/80, p. 14.
Cf. Clarín, 06/04/81, p. 12.
Ver Clarín, 16/01/81, p. 12.
Ver Clarín, 02/12/82, p. 18.
Ver Clarín, 28/01/81, p. 12.
Cf. Clarín, 19/01/81, p. 12.
Cf. Clarín, 16/04/81, p. 7.
Ver Clarín, 18/11/81, p. 10; 03/12/81, p. 15.
Cf. Clarín, 03/12/82, p. 16.
Cf. Clarín, 19/11/81, p. 11; 22/11/81, p. 10.
Ver Clarín, 22/11/81, p. 10.
A principios de 1982 el Ministro de Economía de ese momento, Juan Alemann, informó que la deuda externa argentina ascendía a 34 mil millones de dólares y reconoció que era "una de las más voluminosas del mundo" (cf. Clarín, 11/02/82, p. 10); pocos meses después, el presidente del Banco Central, Domingo Cavallo, afirmó que esa cifra había alcanzado los 39 mil millones (cf. Clarín, 06/08/82).
Ver Clarín, 07/07/82, pp. 9-10.
Cf. Clarín, 24/07/82, p. 9.
Ver Clarín, 11/11/82, pp. 16-17.
Sobre este episodio, ver Clarín, 19/12/82, p. 18.
Estimado.
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