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Conversando con un sobreviviente de la tragedia de los Andes, Eduardo Strauch Urioste

Eduardo Strauch UriosteQuienes fuimos a escuchar una fría y muy técnica charla sobre Liderazgo que nos permitiera incorporar algunas facetas nuevas a nuestra preparación profesional, terminamos recibiendo una impresionante y emotiva lección de vida que nos pemitió conocer a un hombre tan enorme y sensible como humilde: Eduardo Strauch.

La reunión se inició con un sobrecogedor video en el cual la propia montaña narra la historia de un grupo de jóvenes uruguayos que tras un accidente de aviación cayó en sus dominios, cuenta las vicisitudes y el comportamiento de esos sobrevivientes e incluye crudos testimonios vertidos por algunos de ellos. En el epílogo de la cinta y como un reconocimiento a esos héroes involuntarios, la voz de la montaña admite que “prefirieron morir marchando que volver atrás”.

Luego Strauch repasó algunos hitos de las duras peripecias que atravesó el grupo, mostrando siempre el costado humano de las mismas y sin dejar de referirse a las cuestiones más conflictivas y cuestionadas.

Así, por ejemplo fue narrando los pormenores del accidente, la tenebrosa primer noche en la montaña nevada, la posterior noticia del abandono de la búsqueda, el alud de nieve que diezmó al grupo, la preparación de los expedicionarios y finalmente el regreso a casa.

Del relato se extraen dos actitudes fundamentales: 1) los sentimientos y conductas solidarias que afloraron en el grupo en los peores momentos, 2) el firme propósito de salir de la montaña por sus propios medios, al sentirse abandonados por el mundo luego de suspenderse su búsqueda.

Estas conductas mostraron a los sobrevivientes que el ser humano posee capacidades mentales, físicas y anímicas casi infinitas, que, en condiciones normales, sólo explota en una muy pequeña parte.

En ese marco provocó honda emoción entre los asistentes la referencia a la polémica cuestión de la alimentación. El conferencista comenzó diciendo risueñamente que ante la falta de alimentos cada vez mas “hablábamos de comida sin parar” y que en con el correr de los días inevitablemente en grupos de dos o tres personas se comenzó a evaluar la posibilidad de alimentarse de los compañeros fallecidos, único recurso a su alcance para sobrevivir.

Explicó que para hacerlo debieron romper tabúes de siglos de civilización y llegar a un alto grado de compromiso mutuo resumido en la frase “Si yo me muero tú usame, si tu te morís yo te uso”.

En otra parte de la charla, Strauch se refirió a las relaciones de poder que se tejieron en esa pequeña y cambiante sociedad durante los setenta y dos días, con la existencia de subgrupos y la “preparación” de los expedicionarios para que pudieran atravesar las montañas y llegar a la civilización.

Como corolario de su experiencia el disertante explicó que en la tragedia que le tocó atravesar “pasé los momentos mas feos y mas lindos de mi vida”, hechos que lo marcaron para siempre y le dejaron una óptica distinta para mirar y valorar las cosas cotidianas.

En conclusión, la charla fue la mejor lección sobre liderazgo que podíamos haber recibido: la de un ser humano que debió sobreponerse a las peores adversidades al haber sido llevado hasta los límites del estado natural, y que las superó mediante la solidaridad y el apoyo mutuos y el mantenimiento de un fuerte objetivo común: sobrevivir.

María del Rosario Aguerre Herrera, MADE 2001
Ignacio Aguerre, MAF 1999