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CONFERENCIA DEL CAPITAN DE NAVIO (RE) DN. HECTOR E. BONZO

Templanza ante Situaciones de Riesgo
Hundimiento del Crucero A.R.A Gral. "Belgrano" y el rescate de los sobrevivientes bajo condiciones extremas.

Crucero A.R.A. Gral. "Belgrano"Invitado por el Centro de Graduados el 5 de octubre expuso en su ciclo de conferencias el Capitán de Navío (RE) Héctor Bonzo, quien fuera comandante del Crucero ARA “Gral. BELGRANO” en el momento del hundimiento el día “2 de MAYO de l982”, producto del ataque de un submarino nuclear Inglés durante la guerra por las islas Malvinas en el Atlántico Sur.

El capitán Bonzo a lo largo de su exposición, con un alto contenido emotivo e histórico explicó en que circunstancia fue atacado el crucero y a partir de allí como funcionó la organización junto a sus lideres para realizar un abandono organizado, logrando salvar la vida de la mayoría de la dotación del impacto de los torpedos (770 hombres), quedando registrado en la historia de los naufragios como uno de los rescates más exitosos.

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RESUMEN:
por el Comandante del Crucero ARA GENERAL BELGRANO Don Hector Bonzo

El protagonismo y testimonio de importantes acontecimientos contemporáneos, como puede ser la campaña del Crucero ARA General Belgrano y su hundimiento, son irremplazables para una correcta y objetiva mirada de la historia. La justeza y concordancia en la narración de los hechos por todos los que fueron directos actores, nos permite arribar a una verdad transparente e irrefutable.

Los acontecimientos que llevaron a 1093 hombres de 17 a 50 años a vivir por la Patria, pero dispuestos a morir en ese empeño, nos muestran un sentimiento y un comportamiento humano de alto valor. De no haber sido así, se hubiera producido una tragedia mucho mayor que la ocurrida.

Conocer el porque del orgullo y la heroicidad de esa dotación, son buenas y objetivas razones para saber más y conocer mejor las trascendentes acciones que se vivieron en esa campaña, que se inscriben dentro de las gestas a destacar en el siglo XX y que dejan una luz no visible con los ojos, pero que se siente como un ejemplo que forma y perdura.

A medida que avanzaron los días de la campaña se fue obteniendo una respuesta tal de la tripulación, que le determinó absoluta confianza en ella Todos tenían profunda motivación y como consecuencia cada uno asumió su propia responsabilidad.

Es que defendían su Patria, su buque, sus familias, sus amigos, sus compatriotas, a ellos mismos... Nada ni nadie pasó a ser intrascendente. Los logros obtenidos en el adiestramiento de guerra, sirvieron para alentar buenas posibilidades en el posible enfrentamiento, el que se acercaba aceleradamente.
El sábado 1° de mayo, se vivió como nunca la proximidad del enemigo. Ibamos con rumbo a la fuerza de tareas británica, estacionada al Este de las Islas Malvinas.

Pero una modificación de la situación general, hizo demorar la acción cuando estábamos en franco acercamiento Se nos ordenó permanecer en una estación de espera más al Oeste.

Estábamos en ese tránsito cuando a las 16.01 hs. del domingo 2 de mayo de 1982 , el Crucero fue violentamente sacudido por explosiones de torpedos en su casco, lanzados por un submarino nuclear inglés. Presencia y acción imposibles de contrarrestar. El olor acre que invadió instantáneamente los compartimentos nos hizo lagrimear de dolor y de impotencia y comenzaron los minutos más dramáticos de todo este testimonio

La dotación estaba preparada para el combate. tanto como para la tragedia y a mi me constaba su alta moral y la capacidad para vencer dificultades, valores incomparables en una emergencia.. Y ese momento había llegado. Emergió el siniestro sin arengas o proclamas, sin actitudes académicas, sin improvisaciones o a la espera de un milagro salvador. Solo servirían los hechos producidos por cada uno y los resultados obtenidos.

Con la inclinación de un grado por minuto, sobrevino un silencio total, el cese de todo tipo de fuerza excepto la humana, múltiples incendios, chorros de vapor y petróleo caliente por doquier, inundaciones, inutilidad de los sistemas alternativos, interrupción de las comunicaciones internas y externas y una onda explosiva que atravesó todas las cubiertas dejando en su paso la destrucción de hombres y máquinas. Fue en esos momentos en que se registraron los hechos más maravillosos y heroicos, en que la ayuda mutua se prestó sin importar la edad, el grado o el cargo y en el extremo de dar por esa actitud, hasta su propia vida. Ese cuadro de reacciones llegan a enaltecer la acción del conjunto, en medio de una circunstancia inédita en la historia naval argentina, por la sumatoria de magnitud y gravedad.

Después de comprobar que el buque no tenía salvación y permitir la evacuación de las cubiertas bajas, a los 20 minutos del torpedeamiento decidí dar la VOZ DE ABANDONO. cuando estaba cercana la vuelta campana del Crucero. Los tripulantes debieron arrojarse al mar y ocupar las balsas que los estaban esperando, en medio del temporal, el intenso frío y la tiniebla reinante. Durante ese lapso angustiante, nadie se arrojó al agua ni entró en pánico. No hubo “sálvese quien pueda” en medio de la crisis total. Es posible que todos tuviéramos miedo, pero la virtud estuvo en no demostrarlo. La ayuda sólo fue interrumpida por la muerte, tanto del Crucero como de los hombres.

A 17 hs. el buque se hundió definitivamente y nadie fuera de las balsas quedo con vida. La sensación térmica de 10°C bajo cero y el mar a 0°C fueron extremas condiciones que causaron dentro de las embarcaciones poco habitadas, la muerte por congelamiento de sus tripulantes, por falta de calor humano.
La travesía en balsas constituyó un tremendo esfuerzo, una feroz lucha por sobrevivir y una voluntad a toda prueba, que merece un capítulo aparte.

A 13 hs del día siguiente nos encontró un avión Neptune de la Aviación Naval, cuando la fortaleza física estaba llegando al límite. A las tres horas vimos los mástiles de los buques de rescate, efectuándose un salvamento que fue sin duda, el mas difícil y exitoso de la historia de la navegación mundial, dadas las condiciones en que se debió realizar.

En Ushuaia esperaba un gran operativo de recuperación y en ese lugar recién viví la alegría por la recuperación de 770 hombres con vida y la terrible perdida de 323 Héroes..
Nunca dejé de sentir orgullo por mis hombres y así se los hice saber a ellos y a los familiares de nuestros Héroes. Todos merecen mi más fervorosa consideración no solo por haber transitado por esa tragedia, sino por abrazar con vocación, coraje y sacrificio la decisión de un destino que los puso a prueba. ¡Y nada pidieron a cambio!


Concluida la exposición, Bonzo contestó cada una de las preguntas que le fueron realizadas ante un público que quedó muy satisfecho y con ganas de seguir escuchando el interesante relato.

En 1992 al cumplirse una década de la campaña de guerra, editó el libro “1093 Tripulantes”, que refleja el testimonio de esa gesta y el homenaje a la dotación y a los seres queridos.

En el año 2001 junto a un grupo de sobrevivientes, editaron el libro “323 Héroes del Belgrano” con imágenes de quienes ofrendaron sus vidas a bordo.

Actualmente el Capitán Bonzo realiza una actividad compartida con sus tripulantes y se basa en la difusión de los aspectos humanos relacionados con la gesta del Crucero en 1982.

Carlos Rivas
MADE 98