El protagonismo y testimonio de importantes
acontecimientos contemporáneos, como puede ser la campaña del
Crucero ARA General Belgrano y su hundimiento, son irremplazables
para una correcta y objetiva mirada de la historia. La justeza
y concordancia en la narración de los hechos por todos
los que fueron directos actores, nos permite arribar a una
verdad transparente e irrefutable.
Los acontecimientos que
llevaron a 1093 hombres de 17 a 50 años a vivir por
la Patria, pero dispuestos a morir en ese empeño,
nos muestran un sentimiento y un comportamiento humano de
alto valor. De no haber sido así, se hubiera
producido una tragedia mucho mayor que la ocurrida.
Conocer
el porque del orgullo y la heroicidad de esa dotación,
son buenas y objetivas razones para saber más y conocer
mejor las trascendentes acciones que se vivieron en esa campaña,
que se inscriben dentro de las gestas a destacar en el siglo
XX y que dejan una luz no visible con los ojos, pero que
se siente como un ejemplo que forma y perdura.
A medida que
avanzaron los días de la campaña
se fue obteniendo una respuesta tal de la tripulación,
que le determinó absoluta confianza en ella Todos
tenían profunda motivación y como consecuencia
cada uno asumió su propia responsabilidad.
Es que
defendían su Patria, su buque, sus familias,
sus amigos, sus compatriotas, a ellos mismos... Nada ni nadie
pasó a ser intrascendente. Los logros obtenidos en
el adiestramiento de guerra, sirvieron para alentar buenas
posibilidades en el posible enfrentamiento, el que se acercaba
aceleradamente.
El sábado 1° de mayo, se vivió como nunca
la proximidad del enemigo. Ibamos con rumbo a la fuerza de
tareas británica, estacionada al Este de las Islas
Malvinas.
Pero una modificación de la situación
general, hizo demorar la
acción cuando estábamos en franco acercamiento Se nos ordenó permanecer
en una estación de espera más al Oeste.
Estábamos en ese
tránsito cuando a las 16.01 hs. del domingo 2
de mayo de 1982 , el Crucero fue violentamente sacudido por explosiones de torpedos
en su casco, lanzados por un submarino nuclear inglés. Presencia y acción
imposibles de contrarrestar. El olor acre que invadió instantáneamente
los compartimentos nos hizo lagrimear de dolor y de impotencia y comenzaron los
minutos más dramáticos de todo este testimonio
La dotación
estaba preparada para el combate. tanto como para la tragedia y a mi me constaba
su alta moral y la capacidad para vencer dificultades, valores
incomparables en una emergencia.. Y ese momento había llegado. Emergió el
siniestro sin arengas o proclamas, sin actitudes académicas, sin improvisaciones
o a la espera de un milagro salvador. Solo servirían los hechos producidos
por cada uno y los resultados obtenidos.
Con la inclinación de un grado por minuto, sobrevino un silencio total,
el cese de todo tipo de fuerza excepto la humana, múltiples incendios,
chorros de vapor y petróleo caliente por doquier, inundaciones, inutilidad
de los sistemas alternativos, interrupción de las comunicaciones internas
y externas y una onda explosiva que atravesó todas las cubiertas dejando
en su paso la destrucción de hombres y máquinas. Fue en esos momentos
en que se registraron los hechos más maravillosos y heroicos, en que la
ayuda mutua se prestó sin importar la edad, el grado o el cargo y en el
extremo de dar por esa actitud, hasta su propia vida. Ese cuadro de reacciones
llegan a enaltecer la acción del conjunto, en medio de una circunstancia
inédita en la historia naval argentina, por la sumatoria de magnitud
y gravedad.
Después de comprobar que el buque no tenía salvación
y permitir
la evacuación de las cubiertas bajas, a los 20 minutos del torpedeamiento
decidí dar la VOZ DE ABANDONO. cuando estaba cercana la vuelta campana
del Crucero. Los tripulantes debieron arrojarse al mar y ocupar las balsas que
los estaban esperando, en medio del temporal, el intenso frío y la tiniebla
reinante. Durante ese lapso angustiante, nadie se arrojó al agua ni entró en
pánico. No hubo “sálvese quien pueda” en medio de la
crisis total. Es posible que todos tuviéramos miedo, pero la virtud estuvo
en no demostrarlo. La ayuda sólo fue interrumpida por la muerte, tanto
del Crucero como de los hombres.
A 17 hs. el buque se hundió definitivamente
y nadie fuera de las balsas
quedo con vida. La sensación térmica de 10°C bajo cero y el
mar a 0°C fueron extremas condiciones que causaron dentro de las embarcaciones
poco habitadas, la muerte por congelamiento de sus tripulantes, por falta de
calor humano.
La travesía en balsas constituyó un tremendo esfuerzo, una feroz
lucha por sobrevivir y una voluntad a toda prueba, que merece un capítulo
aparte.
A 13 hs del día siguiente nos encontró un avión Neptune
de la Aviación Naval, cuando la fortaleza física estaba llegando
al límite. A las tres horas vimos los mástiles de los buques de
rescate, efectuándose un salvamento que fue sin duda, el mas difícil
y exitoso de la historia de la navegación mundial, dadas las condiciones
en que se debió realizar.
En Ushuaia esperaba un gran operativo de
recuperación
y en ese lugar recién
viví la alegría por la recuperación de 770 hombres con vida
y la terrible perdida de 323 Héroes..
Nunca dejé de sentir orgullo por mis hombres y así se los hice
saber a ellos y a los familiares de nuestros Héroes. Todos merecen mi
más fervorosa consideración no solo por haber transitado por esa
tragedia, sino por abrazar con vocación, coraje y sacrificio la decisión
de un destino que los puso a prueba. ¡Y nada pidieron a cambio!