Conferencias UCEMA
Home CGC
Estatuto
Institucional
Comisiones
Comunicaciones
Conferencias
Convenios
Búsquedas Laborales
Links
 
Ir a Home Page del CEMA Contáctenos
 

Volver a Conferencias

CONFERENCIA DEL DR. ROSENDO M. FRAGA
Desde la historia, hacia el futuro, para mejorar la calidad Institucional Argentina

Para mí es un gusto estar conversando esta tarde con Ustedes. Yo creo que sobre este tema “Instituciones y Capitalismo” puedo plantear dos visiones. Una la histórica centrada en la Argentina, y otra la discusión que se está planteando en el siglo XXI respecto de este tema, sobre en todo en Harvard, sobre “Instituciones y Capitalismo”.
Es interesante analizar el papel que tuvieron las instituciones en la Argentina, el desarrollo capitalista, a través del Poder Judicial. Nuestra Suprema Corte de Justicia es organizada en el año 1862 por el presidente Mitre.

Desde entonces y hasta el año 1946 siempre tuvo cinco miembros. Nunca se aumentó ni disminuyó la cantidad de integrantes, nunca hubo un juicio político ni se negoció políticamente la composición de la Corte.

De los tres poderes, el Judicial fue el que tuvo la mayor continuidad, desde el año 1862 a 1945 a través de la Suprema Corte. El Congreso fue cerrado transitoriamente en 1908 por Alvear, luego por la Revolución del 30´ y más adelante en el 46’ por otro golpe.

La Corte era la reserva de las instituciones, el más intocado de todos los poderes. Observemos que desde 1904, al final de la segunda presidencia de Roca, y hasta 1929, en el segundo período de Irigoyen, la Corte tuvo a lo lardo de veinticinco años el mismo presidente que fue el doctor Antonio Bermejo.

Miremos las transformaciones políticas que tuvimos entre 1904 y 1929. Logramos el voto universal, secreto y obligatorio; con la Primera Guerra Mundial, tuvimos que tomar medidas económicas de emergencia; se dieron un montón de avances en materia de legislación social y todo esto sin que fuera necesario cambiar la Corte.

Cuando vino Hipólito Irigoyen en el año 16´ arrasó con las autonomías provinciales, pero en ningún momento, se le ocurrió tocar la Corte, estaba fuera de discusión.

Esto empieza a cambiar en el año 46´ con la llegada de Perón al poder. Con la mayoría en el Senado, fuerza cuatro renuncias y pasa a tener una Corte adicta. Fue muy paradójico el argumento utilizado para el cambio de la Corte: “Esta Corte, convalidó el golpe del 43’, entonces, la tenemos que sacar.” Cuando el mismo Perón había sido: secretario de Trabajo, ministro de Guerra y vicepresidente de ese mismo gobierno de facto del 43´. Lo cual muestra claramente que era un objetivo político la remoción de la Corte. Es la primera vez que se rompe la continuidad de una institución central como era el Poder Judicial, a través de la Suprema Corte.

En el año 55´, el gobierno de facto de la Revolución Libertadora, firma por decreto que toda la Corte de Perón cambie, e instala otra alineada con la nueva situación.

Con Frondizi en el 58´ la Corte tenía políticamente tres a dos en contra, el Senado la cambia y pasa a tener mayoría en la Corte. Tercer cambio político.

Viene la revolución Argentina en el 66´ remueve por decreto la Corte y pone una nueva alineada con el cambio de situación. Cuarto cambio de la Corte.

Cuando asume Cámpora en el 73´ remueve la Corte reemplazándola en su totalidad. Quinta vez que modificamos al Corte.

El sexto cambio ocurre con el gobierno militar del 76´ que saca a toda la Corte por decreto y nombra otra.

Con la vuelta a la democracia de Alfonsín en el año 83´ se produce una nueva sustitución de todos los integrantes de la Corte. Séptimo cambio en la Corte.
Menem en el 89´ aumenta de cinco a nueve sus miembros para tener mayoría en la Corte. Octavo cambio en la Corte.

El Pacto de Olivos en el 93´, desencadena las renuncias, negociación, y se reparte la Corte entre Alfonsín y Menem. Novena vez.

Ahora Kirchner, cambia la Corte y creo que el ex presidente Duhalde le dijo: “Esta Corte está alineada con el proyecto productivo”.

No encuentro un solo país en el mundo que en menos de sesenta años haya cambiado diez veces la Corte por razones políticas. Fíjense que cuando uno toma las estadísticas económicas observa lo siguiente: de 1950 al año 2001 el país del mundo que creció menos el PBI per cápita fue la Argentina. Y simultáneamente fue el único país del mundo que cambió diez veces la composición de la Corte por razones políticas.

Todos tenemos en claro la inestabilidad institucional de seis interrupciones institucionales por golpes militares, todos tenemos en claro que cada vez que se produce un golpe militar se clausura el Congreso. La interrupción del Ejecutivo y del Legislativo está mucho más claro en la memoria histórica y en un análisis político, mientras que lo que ha significado la inestabilidad de la Suprema Corte está mucho menos claro y mucho menos reflexionado en la memoria histórica y en el análisis político.

En los últimos veinte años de democracia, hemos tenido estabilidad en el Ejecutivo y en el Congreso, más allá de la crisis del 2001, pero la Corte ha tenido el cambio de Alfonsín, el de Menem, el del Pacto de Olivos y el de Kirchner. Es decir, en democracia se acabaron los golpes militares, pero no terminó la inestabilidad de la Suprema Corte. La historia dirá si este décimo cambio de la Corte en menos de sesenta años, es la elaboración de una etapa fundacional de larga estabilidad e independencia de la Suprema Corte como fue la de Mitre en 1862 o es otro cambio político en menos de sesenta años.

Yo diría que ésto tiende más a ser el décimo cambio en los últimos sesenta años que una etapa fundacional, y para ésto no hago más que tomar tres aspectos de coyuntura política: primero, cuando Duhalde dice: “Esta Corte está alineada con el proceso productivo”; segundo, un diario titula: “Este fallo es un éxito político del ministro Lavagna”; en tercer lugar, en un Coloquio de Ideas, el ministro Lavagna dice: “El derecho de propiedad tiene que estar condicionado al consenso político y social”, y el empresariado argentina se cae en aplausos frente a esta declaración. Esto nos demuestra que no tenemos en claro cuál es el funcionamiento de las Instituciones.

Coincide el hecho que la Argentina haya sido el país del mundo que más creció entre 1866 y 1914 con una estabilidad perfecta en la Suprema Corte, con que de 1950 al 2001 fuera el país que menos creció el PBI per cápita, teniendo el récord de cambios políticos en la Corte a la vez. Este brevísimo análisis histórico, me está confirmando que en el caso argentino hay una fuerte correlación entre lo que es instituciones y desarrollo capitalista.

Ahora voy a mi contra argumento. En los años noventa había una visión que nos decía: “Miren, la inversión de largo plazo y el desarrollo de largo plazo sostenido, depende de la calidad institucional”. Los mercados operaban en alguna medida en esa dirección, pero hoy han dejado de hacerlo. Ahora la clave es la gobernabilidad. Y el gran ejemplo es China, hoy tan de moda en la Argentina, China no cumple ninguno de los requisitos de la calidad institucional: no tiene democracia, no tiene independencia de poderes, tiene una propiedad privada muy sui generis y, sin embargo, es el mayor receptor de inversión mundial. Rusia tampoco, no hay ni siquiera prensa independiente, el capitalismo es medio sui generis, Putin persigue a empresarios importantes.

Un grupo de economistas de Harvard, que en los años noventa había sostenido la tesis: “la clave de la inversión, del crecimiento sostenido a largo plazo, es la calidad institucional”, hoy afirma “acá hay que cambiar, porque China nos rompió la teoría. Hemos analizado ciento cuatro experiencias de crecimiento del año cincuenta para acá, y hemos encontrado que, en realidad, la clave del crecimiento, no es la calidad institucional, la clave del crecimiento es la certeza que el liderazgo político es capaz de dar en un determinado momento para la inversión.”

En el Congreso Panamericano de Energía, que se realizó este año en Buenos Aires, asistieron muchos inversores. A mi me tocó compartir la mesa con un empresario norteamericano y otro de Bolivia. El norteamericano me dijo que el problema que ellos tienen es que: “En Libia hace cuarenta años que trabajamos, y nuca nos cambiaron las reglas del juego, en cambio en América del Sur nos cambian las reglas del juego todo el tiempo”. Los dos grandes temas de la región son: la ruptura de contratos en la Argentina y la ruptura de las reglas del juego en Bolivia.

En el caso argentino la historia es clarísima, y es constatable, hay una correlación directa entre lo que ha sido la calidad institucional y el desarrollo capitalista. Y cuando lo analizamos en la estabilidad e inestabilidad en la Suprema Corte, es evidente. Pero, tengo que asumir mi contra argumento, que es la discusión que estoy teniendo a nivel mundial.

El tercer que tenemos que revisar es que la idea de que la calidad institucional es deseable por razones económicas. Creo que tenemos que asumir que la calidad institucional vale por sí misma, que un país la tiene que buscar no por razones económicas. Hoy lo que se dice es que lo importante es la gobernabilidad, saber qué va a pasar, con quién tengo que negociar.

Como conclusión, puedo decir que tenemos que seguir buscando la calidad institucional porque para el crecimiento sostenido en este momento histórico, es importante aunque no sea para China, Pakistán o Rusia. Y porque la calidad institucional es un valor en sí mismo para una sociedad, el que haya una Justicia independiente, un equilibrio de poderes, que funcione la oposición y que funcione la libertad de expresión son valores por sí mismos más allá de las inversiones.