Conferencia Del Dr. López
Murphy en UCEMA
La Argentina sólo puede despegar
mirando al mundo
La
agenda que me propusieron para hoy, necesariamente requiere
cierto grado de abstracción, porque la cuestión
central a dilucidar es bajo qué reglas de juego los sistemas
sociales, político y económico, pueden ser exitosos.
¿Cómo hubiera empezado esta reflexión treinta
años atrás?
Diría que existen dos sistemas organizativos
en el mundo: un sistema de comando de control y un sistema
descentralizado; un sistema de un solo partido y un sistema
pluralista. Ambos compiten con reglas de juego que son
distintas entre sí. Por ese entonces - cuando yo era joven
- había todo un debate sobre si estos sistemas convergían
o no, y ese debate tenía mucho que ver con la calidad de
los resultados, y cómo ellos repercutían en la calidad
de vida de la gente.
Ese
debate finalmente ha concluido; hoy prácticamente
en el mundo no existe otra forma organizativa que el régimen
de incentivos salvo - como ejemplos útiles a los efectos
de esta reflexión -, en países como Corea del Norte o Cuba.
Es decir, no quedan muchos casos cuando uno trata de pensar
en esos términos, por eso el primer aspecto del debate,
es el que creo - salvado por la experiencia que el dilema
tradicional que estaba en discusión ha sido superado.
El
mundo marcha, en términos muy generales,
a sociedades diversificadas, pluralistas que no pueden
tener un régimen completo de comando y control. Se preguntarán
por qué esta reflexión, por qué Instituciones y Capitalismo
vienen ahora sí a abarcar, una gama muy compleja que tenemos
frente a nosotros, y esa gama muy compleja, lleva a determinados énfasis.
Déjenme tratar de ilustrar algunas instituciones esenciales
que hacen al desarrollo de un régimen descentralizado,
quiero decir, un régimen de incentivos donde las acciones
son mayoritariamente voluntarias, y en donde las acciones
coercitivas son la revelación al pago de impuestos, no
es el planeamiento detallado.
Es
decir, el planeamiento detallado ha quedado para el sector
público en aquellos países en que eso funciona,
- no es nuestro caso - en general como planteo conceptual.
Déjenme abordar esta variedad que creo está bien definida
por los organizadores de este seminario, que son las Instituciones
y el Capitalismo.
El
primer tema institucional es cómo se ejerce
y cómo se controla el poder. En este punto hay dos dimensiones:
una que hace a las libertades personales, a la preservación
de la autonomía, de la acción ideal; y la otra, que tiene
que ver con las reglas económicas que en general, en los
países más avanzados tienen una simbología muy explícita,
existe en ellos una fuerte división de poderes y un predominio
muy claro de las reglas, que ha generado un desarrollo
a partir de veinticinco o treinta años de hacer explícitas
las reglas del juego.
Ha
habido también un fuerte énfasis en el
marco de la dependencia monetaria de los bancos centrales
de los poderes ejecutivos, han habido definiciones abiertas
a favor de su autonomía.
Cuando
se miran las instituciones o al capitalismo, la autoridad
esencial es la autoridad monetaria. Fíjense
el rol excepcional que le asignan países como los EEUU;
leía días atrás una crónica sobre la próxima elección estadounidense
en la que uno de los elementos mas importantes a considerar
era que el próximo Presidente deberá elegir al sucesor
de Alan Greenspan, quien está al frente de la Reserva Federal
de aquel país.
Enfatizo este ejemplo, sobre todo para cotejar
con nuestras experiencias.
En
este sentido, la autonomía del Banco Central,
la división de poderes, el manejarse con reglas claras,
todo esto tiene que ver con un tema no menor y que resulta
también muy atractivo para mencionar en un ámbito universitario,
que es la consistencia temporal.
Ustedes
saben que se acaba de otorgar un premio Nóbel a dos distinguidísimos economistas cuyo gran énfasis
está en la importancia de la consistencia temporal, y el
problema es tratar de sacar ventaja de que uno revise las
acciones a posteriori.
Estamos
en un campo muy abstracto, ha llegado en los ejemplos más notorios, y más desarrollados de realización
capitalista, sobre todo alguna de las más sofisticadas
como el caso europeo, a un detallado marco regulatorio
de la organización de las política pública.
La
expresión superior de esto es el acuerdo “MASE” donde
se dispuso a 25 países de reglas operativas. El tema de
discusión actual en Europa era que el ministro de hacienda
de España está quejoso de que Alemania y Francia se hayan
tomado la libertad de violar las reglas escrupulosamente
leídas.
¿Por qué hago énfasis en este punto? La organización
de un sistema capitalista necesita reglas, división de
poderes, respeto de los contratos; eso asegura un régimen
judicial independiente. Se necesita la morosidad del proceso
legislativo que impida las novedades, los cambios abruptos,
se necesita que no haya excepcionalidad en el ejercicio
del poder y se necesita entonces un horizonte temporal
muy extendido en el tiempo.
Esas
son las reglas que generan sociedades con tres características muy básicas, y que son las que
desearía para mi país y envidio de Europa. Ellas son la
combinación de tres grandes atributos:
Primero: el gobierno de la ley y el control
del uso del poder,
Segundo:
un régimen de incentivos muy significativo,
muy vigoroso y muy efectivo,
Tercero:
un alto grado de cohesión social.
Esta
combinación de la sociedad contemporánea
europea ha generado, en términos institucionales, la construcción
para mí más formidable: al Euro como moneda común.
Imaginen
ustedes haber construido una moneda única
para prácticamente 25 países y hacer converger a esos países
a reglas fiscales parecidas, a reglas y conductas de incentivos
parecidas, a convivir en la diversidad con un objetivo
de división de poderes, respeto de las libertades, y preservación
del ámbito privado, en un régimen de incentivos y con cohesión
social.
Por
supuesto que esa figura tan lograda de la comunidad europea,
en otros países tiene expresiones
probablemente muy parecidas, como lo son los países de
Oceanía y Canadá.
El
régimen que es distinto, y que yo llamaría
muy llamativo, antes de caer en los países emergentes,
es el de los Estados Unidos, sobre el cual ahora quisiera
hacer algunas precisiones.
Es
importante para nosotros porque ustedes saben que Alberdi,
Dorrego y otros, miraron la experiencia
de los Estados Unidos como nuestro sueño, nuestra meta.
Recuerden
también que Sarmiento había vivido
en Massachussets la experiencia de cómo construir una sociedad
cohesionada; esto es cómo crear los incentivos para el
respeto de la ley, para la tolerancia y para la creatividad,
lo que resultaba ser un desafío muy importante. Observemos
también que esa figura institucional está grabada a fuego
en nuestras instituciones.
Permítanme antes de abordar el punto de los
EEUU para luego pasar a los países emergentes, mencionar
un tema muy decisivo y muy complejo en Europa, que son
los países que en su heterogeneidad requieren un régimen
federal. Hay dos casos sobresalientes por lo exitosos,
uno es el régimen suizo y el otro el régimen alemán.
En
ambos casos han logrado coexistir, piensen que en Suiza
coexisten tres lenguajes diferentes, con realidades
muy complejas entre sí. Fue crucial, en el diseño del régimen
suizo, el régimen de definición federal, eso hizo posible
convivir en un proyecto único de nación, a realidades totalmente
heterogéneas.
Lo
mismo ocurre en Alemania, donde creo que el caso es sumamente
atractivo porque en la gestión alemana
- más que en la suiza-, ha habido un esfuerzo definido
de cohesión social y regional. Es una dimensión que a veces
no registramos pero que es muy importante. Las instituciones
en Alemania se han legitimado, se han hecho aceptables,
se han validado con un esfuerzo extraordinario de cohesión
social y regional.
Llamo
cohesión social a la disminución de
los desvíos de las diferencias de distribución del ingreso
y al abatimiento de los fenómenos de pobreza en cuanto
a las diferentes regiones. O sea, al acceso a las mismas
posibilidades de realización colectiva, social, cultural,
educacional, en cualquiera de lo que sería el equivalente
a nuestros estados provinciales.
Entonces,
institucionalmente es crucial al desarrollo de ese sistema,
la clarificación de la cuestión
federal y el régimen de equiparación entre las distintas
regiones.
El
régimen americano es un régimen diferente
por una novedad que creo es importante para entender el énfasis
y el vigor de una sociedad con grados de descentralización
más intensos que la de los países europeos, en donde éstos
tienden a tener la mayor concentración del poder en el
estado federal; esto es una institucionalidad con una figura,
con un modelo presidencial. Un modelo que implica reglas
de juego en el sistema político muy diferentes. ¿Por qué cito
esto?, porque creo que una de las cuestiones que funciona
mal en la sociedad argentina es que todavía nos cuesta
entender que tenemos un régimen presidencial. El debate
público por ejemplo; habrán observado - cosa que me va
a servir como referencia a la instituciones de nuestro
país que en el debate público, se dice; “yo tengo diferencias
con esta otra persona de otro grupo político”, pero eso
va de suyo, en el régimen presidencial lo que se intenta
para que sea competitivo y funcional, es que haya dos grandes
coaliciones, si no el sistema no funciona.
El
sistema en el que cada cual hace énfasis
en sus matices, y resuelve la gobernabilidad en el parlamento,
es en el régimen parlamentario. Uno exagera los matices,
para unificar en la coalición parlamentaria. Caso tipo
clásico: la Italia de los 50´, 60´ o 70´.
El
régimen alternativo es el régimen norteamericano.
Ustedes ven marchar debajo del candidato Kerry a la coalición
más matizada que puedan imaginar; probablemente detrás
del candidato republicano haya una coalición menos matizada
por las personalidades que están en juego, pero de cualquier
manera es también una coalición matizada.
Lo
que quiero demostrar es que el régimen
presidencial también requiere de reglas de juego muy delicadas.
Por ejemplo una limitación muy clara a las reglas que el
presidente puede utilizar, es vital. Que recuerde episodios
de facultades excepcionales que están presentes en la Constitución
americana al igual que en la nuestra, a lo mejor por mi
ignorancia recuerdo una sola oportunidad fuera de los episodios
bélicos donde el presidente de los EEUU usó una “Executive
Order”, lo que sería el equivalente a un decreto de necesidad
y urgencia. Solamente en una oportunidad, que fue cuando
la crisis mexicana donde el ritmo de los episodios no permitía
la morosidad del proceso legislativo, actúo asumiendo facultades
y potestades que el régimen habitual no le permite.
En
los países emergentes hay una variedad
de regímenes que creo son producto de la historia que más
conozco: son los de América Latina. El régimen japonés
es muy peculiar, lo mismo que el taiwanes y el coreano.
Son sociedades donde el peso del estado y las consecuencias
de la guerra fría crearon determinadas realidades institucionales
que fueron muy difíciles de modificar. A posteriori, esos
regímenes tan evolucionados no ayudarían al esfuerzo que
hoy me propuse argumentar sobre esos casos.
En
América Latina tenemos los casos presidenciales.
Voy a citar uno que es muy particular y que está haciendo
la transición final, que es el mexicano. Por eso, lo voy
a dejar porque el régimen mexicano del PRI era especial;
ahí la consistencia temporal la daba que siempre era del
PRI. Sí quisiera avanzar sobre los países vecinos al nuestro,
donde creo podemos hacer una valiosa experiencia comparativa.
Considero que en todos ellos se ha avanzado fuertemente
hacia crear institucionalidad, es decir, a poner límites
a las reglas fiscales, límites a las reglas monetarias,
reglas muy precisas en materia regulatoria, y una manera
de generar un horizonte temporal que impida esa dificultad
que tiene un régimen capitalista de funcionar en un clima,
llamémoslo “de lotería”.
No
es que no puede funcionar; en realidad puede funcionar,
de hecho el régimen de incentivos funciona
aún en China, donde uno podría decir que la división de
poderes no es muy precisa, y que las costumbres, las reglas
de cómo uno decide el liderazgo, son bastante opacas.
Alguna
vez pensaba, ¿por qué funciona tan
bien el régimen de incentivos en la economía china?. Miraba
entonces la plaza de Tian'anmen,
el lugar donde vivieron los emperadores, y la villa que
queda al lado donde hoy vive el liderazgo del partido oficial.
Lo que ha cambiado es el nombre de quién ejerce el poder,
pero el poder, al igual que antes, está en manos de una
elite que ha fijado reglas que no son modificables y que
han auspiciado un fenomenal éxito en términos de resultados
económicos. Seguramente, todos nosotros tendríamos algunas
salvedades en términos de los otros atributos de la sociedad
a la cual entendemos sociedad pluralista.
Esta
reflexión sobre las reglas institucionales
y sobre el régimen capitalista nos lleva finalmente a la
reflexión sobre la Argentina. Claramente tenemos un régimen
que genera enormes dudas, sobre todo cuando uno piensa
en una dimensión extendida en el tiempo. ¿Por qué esas
dudas? Porque los atributos que prevalecen en las sociedades
exitosas, organizadas bajo el régimen de sociedades libres
e incentivos, requieren como manifestara anteriormente
de la división de poderes, requieren de una independencia
muy fuerte y respetada del poder judicial, que implica
que no haya remociones arbitrarias de los jueces, que implica
autonomía de los institutos monetarios, y reglas en un
régimen federal muy significativo. Implica un régimen de
ayuda social no manipulado, implica límites al uso del
poder ejecutivo e implican sobre todo, un régimen federal
muy claro y transparente.
En
ese sentido diría que mucho tiempo atrás,
cuando se observaban las características de funcionamiento
de la economía argentina y se argüía sobre los problemas
organizativos que tenía, un profesor de la Universidad
de la Plata acuñó la expresión que “la Argentina era un
capitalismo sin mercado, y un socialismo sin plan”, refiriéndose
al caos presupuestario y al desorden del sistema de incentivos,
donde permanente y arbitrariamente eran modificados. Creo
que ese problema, en los hechos, se ha agudizado; hoy no
es simplemente que no tenemos reglas estables, sino que
el régimen político como funciona, hace muy difícil que
se puedan imponer. Concretamente, el ejercicio del poder
presidencial usa y abusa de las facultades extraordinarias,
nomina y despide miembros de la Corte Suprema, e ignora
el régimen federal.
Diría que en la Argentina tenemos una inmensa
lista para corregir nuestra institucionalidad y generar
un horizonte apropiado. Si fuera yo quien tuviera que hacerlo,
comenzaría por el régimen de gobierno, por el régimen de
división de poderes, por la afirmación del régimen institucional.
Si tuviera que seguir, lo haría por el régimen federal,
y si tuviera que dar el paso subsiguiente iría específicamente
al régimen monetario, luego al régimen contractual y finalmente
comenzaría a entrar en cada uno de los detalles que hacen
a las reglas de organización de las economías modernas.
Esto es su régimen de política comercial, su régimen de
seguridad social, de defensa de la competencia, su régimen
financiero, de seguros de salud, de seguros familiares,
su régimen de accidentes de trabajo.
Si
repasan los puntos que mencioné, en ellos
nuestro régimen está fragilizado. ¿Qué quiere decir fragilizado? ¿Cuál
es la desgracia de eso? ¿Cuál es el costo social, político,
e institucional de eso?
El
costo es que el sistema se ancla en la negociación externa. Por eso, en lugar de la discusión
presupuestaria, que en cualquier sociedad avanzada, seria
y democrática pasa a ser el régimen decisivo y fundamental,
en la Argentina las autoridades piden una ley de tres artículos.
Uno: estímase en ciento seis mil millones la recaudación
de impuestos; dos: haga lo que quiera; tres: publíquese
y archívese.
En
las sociedades avanzadas, el debate presupuestario está sometido a las reglas comunitarias, el debate interno
es de una enorme complejidad; acá, en cambio, lo resolvemos
con un artículo: “haga lo que quiera”.
Es
este sistema lo que ancla al país, y esa
es la tragedia, es la negociación externa, en tres grandes
dimensiones. Primero, la negociación de la deuda, que fija
un criterio de ordenamiento, que fija cuáles son nuestras
reglas presupuestarias; dos, la negociación de la política
comercial - mucha gente cree que es vital que hagamos el
MERCOSUR, yo digo, hagamos lo que queramos pero hagamos
algo, algo que nos de horizonte-; y en tercer lugar, el
actual sistema, para funcionar, necesita un sobreajuste
de una dimensión tal a la que este gobierno está sometiendo
a nuestra gente.
Muchas gracias.
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