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CONFERENCIA DE FELIX LUNA (12/07/05)

Encuentro con la historia

Felix Luna“Seguramente Ustedes se preguntarán para qué sirve la Historia. La Historia no da claves para saber exactamente a dónde vamos, pero por lo menos orienta un poco en cuanto a la evolución de la comunidad a la que pertenecemos, y sobre el mundo también. ¿En qué consiste este oficio de la Historia? Es un oficio solitario, uno debe ubicarse en tiempos pasados para tratar de entender el significado, tratar de ver cómo actuaron diversos personajes, cómo se fueron dando diversos hechos, cómo ocurrieron distintas situaciones. Van develando a la gente que estudia algunos aspectos que suelen ser poco claros, no digo secretos, peor a medida que uno va tratando de clarificar estos procesos, de hacer menos borrosos algunos personajes, de tornar más nítidas algunas situaciones, se va dando cuenta también que siempre que tenga cierta llegada al público, el historiador tiene influencia sobre el alma de la soberana, contribuye a modelarla. Y eso le da una gran responsabilidad al historiador, porque indudablemente depende de él, de su buena fe, sinceridad, que la gente vaya tomando ciertas creencias, ciertos modos de pensar. Hay historiadores que son responsables de que hayan muerto mucha gente en nuestro país, aunque Ustedes no lo crean.

Se potenció a determinados personajes del pasado, dándoles una importancia que tal vez, no tuvieron, y eso contribuyó a dar un cierto matiz a la comunidad, a la sociedad. La historia no son solamente los libros, si no también, la radio, la televisión, las revistas, conferencias; entonces uno se da cuenta que hay una cierta responsabilidad colectiva. Y en este sentido, el historiador tiene más importancia que un político. Recuerdo yo que una vez, iba conversando con un chofer de un taxi, y él me dijo: “Yo era un peronista muy fanático. Leí en su revista lo del 45´, y sigo siendo peronista, pero ya no tan fanático”. Eso es importante, poder dar conocimiento, influir sobre la tolerancia, la convivencia entre los argentinos. Para esto se necesita fundamentalmente honradez intelectual.

Por supuesto que hacen falta otras cosas, una cierta metodología, aplicarla con generosidad. No fiarse de datos incompletos, tratar de reconstruir la historia con distintos elementos. Hay que tratar, también, de ponerse en la piel del otro, lo que ese otro pudo pensar. Uno no aplica su valor cuando hace historia, pero no es totalmente objetivo. Uno ha nacido en un lugar, se ha formado de una determinada manera, tiene determinado valor; y a eso no se puede renunciar. Pero, uno sí puede, no guardarse ninguna baraja en la manga, no mentir, no buscar una aventura reforzada, tener en cuenta que la reconstrucción en la historia está como entrecortada: los tiempos cambian, las creencias cambian, el mundo cambia. Entonces, procesos de ahora que parecen procesos aparentemente similares de hace cien años, uno tiene que tener en cuenta los cambios en los contextos.

Cuando mi amigo Osvaldo Valle, habla de los siglos de los siglos de procesos, no tiene en cuenta el contexto ideológico que rodeaba a la sociedad argentina y a sus dirigentes en 1880 era una atmósfera de diferencias social, esa sociedad estaba dividida entre lo que se llamaban hombres blancos y aborígenes. Los costos posibles del progreso eran altos, esto significa que los indios estaban así condenados y parecía muy normal.

Hace un tiempo leí en un diario español, que en Galicia alguien entró a un criadero de visones, y los liberó, abrió la jaula y lo puso en libertad. Se imaginan el problema ecológico que se formó, y lo que escribió en las paredes decía: “Movimiento por la liberación animal. Los animales tienen derechos. Etc.”. Yo pensaba a lo mejor dentro de cien años alguien estudie y diga: “¿Cómo es posible que llevaran a pasear a perros atados con cadena, a un collar? ¿Cómo podía ser tan insensible la gente?”. Entonces, tener en cuenta el contexto es fundamental.

Yo quiero transmitirle que la Historia es un oficio, aún cuando se la practique profesionalmente como la practico yo. Este oficio tiene sus exigencias, sus métodos para decidir tiene sus resultados posibles. Y la historia, sobre todo, no debe ser algo que se elabore para que lo escuche un grupo de corderos, tiene que llegar a todos, y tiene que ser evaluada por la gente, porque la historia es fundamental. De esta manera uno está en un examen permanente, con todas las contradicciones que se pueden dar, con todos los retrocesos y todos los avances que en uno puede tener en su ideología. Y renunciar al hecho de que por ser un ser humano, uno puede equivocarse. Un crítico de la historia ha dicho: “El hombre de historia que conserve su pensamiento por 30 años es un idiota”; yo no digo que sea un “idiota”, sino sería excesivamente conservador, el hombre que ha dicho siempre lo mismo sobre hechos históricos, que pueden abordarse de muy diversas maneras, sin que cambie el sujeto mismo. Porque lo fascinante de la historia que no es que un hecho único, estático, sino que está adyacente esperando a que lo develen. Es algo que se puede abordarse de muy diversas maneras.

Mitre, por ejemplo, escribe sobre una comunidad como ésta, hacia su avance hacia la libertad y hacia el progreso. Como se había dejado atrás, por ejemplo, el problema de la emancipación, cómo se habían ido resolviendo los problemas de la organización nacional, cómo se habían superado los caudillismos, las jerarquías y cómo se había llegado finalmente a un proceso de grandeza y prosperidad en un marco de libertad.

Mitre escribía para los argentinos de su época, pero sobretodo, a los inmigrantes y sus hijos, para demostrarles que no se habían equivocado en elegir este país. Que este país merecía la pena, que se quedaran y trabajaran los que venían de afuera, y que entregaran su cultura. También tenemos las visiones de otras personas, más sociales, como la integración de esas masas migratorias al país, el contenido social e ideológico de ciertos procesos.

Esto es lo fascinante de la historia, que siempre se puede mirar de diversos puntos, hasta contrapuestos. Yo puedo contarle el descubrimiento de América desde el punto de vista de Colón; pero también puedo contar el descubrimiento de América desde el punto de vista de los indios que estando en la arena disfrutando de pronto ven aparecer tres armatostes. Entonces, la Historia, en toda su diversidad, en todo los matices que admite es lo que la hace fascinante y atractiva; y lo que a hace también fascinante y atractiva es que relatándola e investigándola, estamos relatando también, de algún modo el fondo la naturaleza humana. Porque son los hombres los protagonistas de la historia y en consecuencia, dado el relato histórico, es una gran parte de los seres humanos que están enraizados en la Argentina, y que forman parte del mundo.