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Ramon Sabella BarreiroConferencia de
RAMÓN SABELLA BARREIRO (20/09/05)

Lecciones para la Vida
Por Gabriel Lagomarsino

Ramón Sabella Barreiro es uno de los 16 sobrevivientes de una de las tragedias aéreas más impactantes de la historia: la caída de un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya sobre la cordillera de los Andes, en octubre de 1972. Iban allí los jugadores del "Old Christians", un equipo de rugby de un colegio de Montevideo a un partido en Santiago, Chile.

La historia. "Yo tenía en aquél entonces 21 años. Fue un viernes 13 en horas de la tarde. Íbamos volando entre las nubes y por error del piloto, el avión chocó contra la cordillera de los Andes. Yo era uno de los invitados de los rugbistas", comentó Sabella, quien actualmente es industrial y reside en Montevideo, Uruguay.

Trataron de resistir con las escasas reservas de alimentos que poseían, esperando ser rescatados. Desesperados ante la ausencia de alimentos y agotada su resistencia física, se vieron obligados a alimentarse de sus compañeros muertos para poder seguir viviendo.

“Teníamos un solo fin, una sola meta, que era sobrevivir y salir de ahí, y no había nada que esperar, porque no sabías si ibas a vivir una hora, un minuto, un día más...”. La voz en off es la de otro de los sobrevivientes, que desde un video cuenta cómo hicieron para lograr escapar de un destino que parecía ineludible.

Las imágenes muestran los restos de lo que antes había sido un avión con jóvenes llenos de expectativas por la llegada a Chile. Y frente a la pantalla del auditorio, otros jóvenes asistíamos absortos a una historia de la que nos íbamos haciendo parte, espejando con nuestro silencio el que existía en el escenario de la tragedia.

Tragedia de los Andes“Y yo me acuerdo de los heridos, y eran mucho más líderes que nosotros, —afirma Sabella— porque yo en el fondo era un privilegiado: yo tenía dos pies y dos manos... había otros que estaban con los pies lastimados... yo podía caminar, y podía autoabastecerme de agua; había gente que estaba tirada, sin poder moverse... y esos eran los líderes para nosotros, porque a pesar de estar hechos pelota nos daban un valor bárbaro a nosotros”.

Finalmente, hartos de las bajísimas temperaturas, la amenaza de aludes, y angustiados por la muerte de sus compañeros y la lenta espera del rescate, dos de los rugbiers decidieron salir a buscar ayuda. Así, el 22 de diciembre de 1972, luego de sobrevivir setenta días, fueron rescatados.

Un grupo de muchachos ya no tan jóvenes partirá, como cada año, hacia Chile, a disputar la Copa Amistad, que hace 33 años no pudo jugarse.