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Eduardo StrauchConferencia de
EDUARDO STRAUCH (02/08/05)

Exit

En una amena charla, el arquitecto Eduardo Strauch, abrió su corazón para enseñar con su propio ejemplo, que es posible sobrevivir, aún en las peores condiciones de la nada, si uno quiere luchar por la vida y confía en los que lo acompañan.

¿Qué significa EXIT? Es la palabra que tenía el cartel al que se aferraron los “Sobrevivientes de la Tragedia de los Andes”: “SALIDA”. Y jugando con los prefijos, en nuestro idioma, “EXISTIR”, podríamos decir que viene a ser lo mismo en este caso: ¿Puede una persona soportar 38° /36° bajo cero durante 72 días en la nieve? La respuesta para Eduardo Strauch, es sí.

Cuando un grupo de jóvenes uruguayos decidió partir el 12 de octubre de 1972 hacia un campeonato que se realizaba en Chile, jamás imaginó que se jugaría la vida en medio de la Cordillera de los Andes; en el avión contratado a la “Fuerza Aérea Uruguaya”. Se detuvieron en Mendoza por problemas climáticos y luego continuaron viaje, en medio de un sol radiante y de montañas, Eduardo tuvo miedo: el piloto pedía desesperadamente, que se sentaran y se abrocharan los cinturones; mientras él veía por la ventanilla cómo se perdía el control del avión. Minutos después escucharía gemidos de dolor, gritos de desesperación, y pedidos de auxilio, seguidos por la muerte. A más de 3800 metros sobre el nivel del mar, no sabían la primera noche del horror, dónde estaban ni qué había pasado. Entendieron que era la realidad superaba toda ficción y que estaban solos en medio de la nada.

Acomodaron el fuselaje del avión para que les sirviera de reparo a los 35° bajo, supieron aplicar los conocimientos que habían adquirido entre sus 18 y máximo 25 años de vida. Surgieron capacidades, afloraron valores humanos, el objetivo era: “salir con vida”; no perdían energías ni siquiera en lágrimas, se apoyaban unos a otros, hablaban de sus familias y de todo cuanto habían dejado en sus cómodas casa de Carrasco, Montevideo, en donde nunca habían sufrido de necesidades materiales ni afectivas. Con el tiempo se dieron cuenta que estos recuerdos no les servían, y se aferraron a la confianza de un Ser Superior, y en las largas noches rezaban juntos.

Los estudiante de medicina, se recibieron instantáneamente de médicos, curaron a los que se podían salvar y separaron con ayuda de los otros, a los muertos; los estudiantes de ingeniería, fueron ingenieros realizaron un sistema de vertiente para convertir el hielo de las alturas en agua para los más necesitados.

Sorteado el primer impacto, el capitán del equipo, Marcelo Pérez, comenzó a perder fuerzas y a entregarse a la muerte. Esto se agudizó con la noticia que escucharon después de tres días: “se da por finalizada la búsqueda de los 42 tripulantes del avión con destino a Chile”; “Para el mundo estábamos muertos”, recuerda Strauch. Comieron lo que llevaban en los bolsos, pero ya no les quedaba nada cuando el 22 de octubre, ante el hambre, el frío y la decisión de dejarse morir, reflexionaron: “Si queremos seguir viviendo tenemos que alimentarnos para tener fuerzas y la mente sana”. A pesar que a muchos les costó, comprendieron que era un acto de solidaridad, comer la carne de sus amigos. Y así, pudieron vivir hasta el 22 de diciembre cuando fueron rescatados.

Un alud, hizo que murieran más amigos, el capitán y la única mujer que quedaba. A partir de ese momento, “los primos Strauch”, unidos por las raíces familiares, asumieron la responsabilidad de salvar al resto: “Después de este alud, nadie nos va a frenar para reencontrarnos con nuestros seres queridos”. El “Triunvirato Strauch” construyó nuevos códigos, transformándose en el “gobierno de esa comunidad”. Prepararon a los más fuertes, les daban mejor de comer, les hacían seguir con su preparación física, y los dejaban buscar su propia paz. De esta manera, fines de noviembre, acompañados por los cóndores y mejor clima, enviaron a cuatro de ellos hacia el Oeste de la Cordillera, uno volvió; y finalmente el 12 de diciembre, salieron en expedición. Comenzaba un período de espera en donde se mezclarían momentos de introspección, meditación, felicidad; con otros de melancolía, angustia. Se acercaba la Navidad y mentalmente, trataban de transmitir a sus familiares, que estaban vivos. El 20 de diciembre, sintieron en su corazón una ráfaga de optimismo que se confirmó el 22 de ese mes a las 8am, al escuchar en su radio portátil los nombres de Canese y Parrado, junto a una melodía de Bach. ¡Estaban salvados! Hasta las 13 hs. buscaron sus pertenencias y “en bolsos medio escondidos, sintieron que robaban cosas del avión”… EXIT, el cartel que lo llevó a Eduardo Strauch, a conocer la SALIDA con su escepticismo de 25 años, luego saberse feliz de ser, ser humano. Y 33 años más tarde, encontrar el abrigo que llevaba en aquel entonces, subir nuevamente a la cima; pero esta vez, sabiendo con su mujer y sus hijos, el camino de ida y vuelta; con el recuerdo vivo y el dolor presente, que lo hacen hoy un hombre íntegro y que trasmite una lección de vida: “EXIT”.