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CONFERENCIA DEL DR.TERRAGNO
DEFORMACION ARGENTINA DEL KEYNESIANISMO Y EL
NEO-LIBERALISMO

Me propusieron que hablara de Instituciones y Capitalismo y yo creo que las instituciones son resultado de una cultura. Algo que me interesa subrayar es la falta de cultura capitalista en la Argentina. La ley fundamental del capitalismo, la que informa toda la teoría del valor, es la ley de la oferta y la demanda.
La gente se indigna, genuinamente, porque las flores aumentan el Día de los Muertos o el pescado aumenta en Semana Santa. No puede establecer una relación entre el hecho de que la demanda aumente el aumento de precio, vive eso como una especulación punible. Porque lo que está presente en nuestra cultura es que el precio es costo de producción más utilidad razonable. Esto es una idea socialista de valor, se intuye la noción de plusvalía. Y hay una reacción frente a eso de la mayor parte de la gente.
Del otro lado, uno observa que quienes, defienden el sistema capitalista, tienen a menudo una visión muy peculiar de lo que es el capitalismo. Atacan sistemáticamente las regulaciones, ven a nuestra sociedad como sociedad donde la carga impositiva es feroz, en favor de un estado ineficiente, las ineficiencias del estado son innegables, pero cuando uno advierte que la porción de producto que toman los estados por vía impositiva, en los países de la “OCDE es de 32%, y de la Unión Europea es de 44,4%. Es llamativo que en la Argentina exista la convicción que 17% es una extraordinaria succión de la economía por parte del estado.

Yo creo que esta idea de regulación excesiva, impuestos excesivos, está muy vinculada a cierta noción muy dominante, de algunos sectores que identifican el capitalismo con el “laisser faire” “laisser passer”. Pero el “lessez faire, laissez passer”es pre-capitalista; es de los fisiócratas de Dupont de Nemour”. Hay un libro magnífico, que por supuesto no voy a descubrir yo ahora (todos lo conocemos muy bien) pero que conviene releer. Es un libro delicioso, por sus conceptos, por la claridad, por cómo está escrito. Me refiero a “La riqueza de las Naciones”. Allí Adam Smith, es muy duro con aquellos que se quejan de los slaarios altos, pero nada dicen sobre las malas consecuencias de los beneficios altos; que se ocupan de sus intereses particulares más que de los intereses generales de la sociedad: los terratenientes que deberían pagar un canon con arreglo a una determinada renta potencial. Dice que las importaciones deben pagar un arancel igual al impuesto que pagan los fabricantes locales, que la libertad de comercio debe ser reestablecida (cuando ha habido una protección) con mucha reserva y circunspección y que la apertura no puede ser unilateral. Es que Adam Smith, que ha sido llamado el “Padre de la Economía”, es a mi juicio el gran constructor del Capitalismo. Construye el Capitalismo sobre las ruinas del feudalismo. Nuestra cultura -así como tiene esos elementos socialistas que nos hacen creer que precio no es el resultado de oferta y demanda sino costo de producción más una utilidad razonable- también tiene muchos vestigios de feudalismo. Y una y otra interpretación, tienen el agravante de expresarse de una manera tan temperamental, tan fundamentalista, que se terminan conformando religiones. Estatistas y liberales son parte de cofradías que adoran íconos y la economía, en verdad, es una ciencia imperfecta que procura resolver problemas coyunturales, que tiene mucho más de pragmatismo, que varía, que se adapta. Si uno ve lo que pasó en el mundo en 1930, la Gran Depresión, entonces había una sobre producción derivada de un alta productividad sin una capacidad de compra suficiente. Hubo una deflación, hubo una terrible caída bursátil, quiebras, defaults, desempleos. Había que resolver ese problema. El keynesianismo en definitiva lo que hizo fue fue proponer el uso de la inversión pública para promover la economía y el empleo, que en ese momento estaba en baja. Es la teoría de los ciclos. El proteccionismo también está muy vinculado a ese tipo de crisis que se produce en los años 30´.

Lo mismo cabe decir de las estatizaciones en la Europa de post-guerra. Cuando los europeos de izquierda y derecha, fueran Clement Attle o Charles de Gaulle, estatizaban el carbón, el hierro, el acero, los ferrocarriles y decían que eran bienes o servicios o industrias estratégicos, no lo decían en un sentido metafórico; lo decían en un sentido estrictamente militar. Europa venía de las dos guerras mundiales. De guerras de ocupación, donde el control de las comunicaciones, las vías férreas, los puertos y la producción de acero, todo eso hacía de verdad a la defensa nacional. Luego, aquí, se ha repetido durante muchos años que el acero es estratégico, pero si uno desafía a alguien que le diga por qué es estratégico, no sabe explicarlo. La pregunta por qué el acero y no la ganadería, y no sabe explicar. Tenía un origen estrictamente castrense, el término en aquel momento.
Después la tecnología ha hecho que el carbón perdiera importancia; el hierro, el acero, ha sido sustituido por nuevos materiales. Las telecomunicaciones, en la era celular, tienen una significación totalmente distintas a las telecomunicaciones de red fija. Hoy podríamos decir que lo único que conserva en aquel sentido la condición de estratégico son los hidrocarburos. Y precisamente, en los hidrocarburos, se produjo algo que, creo yo, estableció el nuevo paradigma. El paradigma de los años 90´, que comienza mucho antes; comienza en los 70´ con la guerra del petróleo. El barril del petróleo había costado 1,90 durante años, y parecía que esto era fijo, inamovible. Las potencias principales (Estados Unidos, Gran Bretaña) estaban dispuestas a mantener esto así, estaban dispuestas a invadir Suez, como lo hicieron en su momento para asegurar las fuentes del petróleo. Las compañías internacionales, eran compañías norteamericanas, inglesas, holandesa-inglesas, francesas; parecía que no había ningún riesgo que las compañías se fueran de control. Sin embargo, en los años 70´ las compañías se aliaron con los países productores, con los países de la OPEP; se produjo el embargo, la guerra del petróleo. El petróleo se fue de 1,90 a 4, 5, 15, 30 dólares el barril, y hubo aquella eclosión de petrodólares. Los países productores no sabían cómo manejar esos dólares, y los depositaban en los bancos europeos o norteamericanos, que a la vez tenían que devolver ese dinero para poder devolverlo. Lo colocaban desesperadamente. Eso generó esa inflación internacional que llegó a la prime rate a 23%. EL problema de esos años, no era, como en los años ´30, la deflación; sino todo lo contrario la inflación. Al ser tan fuerte produjo aquella paradoja, incluso de la stagnation, inflación con estancamiento. Había que salir de eso.

Entonces, lo que toma fuerza, en esos años es todo aquello que tiende a controlar los medios de pago. Y cuando Von Hayek y Friedman plantean sus tesis, no es que, cambia la economía; cambian los problemas a resolver. Si uno tratara de hacer una síntesis histórica tendría que decir que es tan válido Keynes como Von Hayek o Friedman porque son tan válidos como la cardiología y la nefrología: resuelven problemas diferentes, obviamente con distintos elementos. Pero, bueno, lo primero que había que hacer, en el caso de los 80´ o los 90´, con grandes inflaciones, con estados sobredimensionados, que por lo tanto necesitaban emitir para mantener una serie de obligaciones, era desmantelar aquel aparato industrial estratégico que había quedado obsoleto entre otras cosas porque ya no era estratégicamente útil. Pero, eso se hizo, en los países en que se llevó a cabo con una moderación y con una inteligencia diría yo que a nosotros nos faltó. Yo viví siete años bajo Margaret Thatcher, siete años, y nunca oí decir en Inglaterra ni a la propia Margaret Thatcher” ni a Sir Keith Joseph que era el gran ideólogo, las cosas que después me tocó oír en la Argentina. Yo creo que así como nuestro estatismo fue una caricatura del estatismo de europeo, nuestro neoliberalismo fue una caricatura de lo que fue ese período de revisión económica donde había hombres como Friedman o Von Hayek o el propio Sir Joseph, que exponían con fundamento la necesidad de recomponer la economía.

¿ Qué pasó en Argentina? Bueno, en los años 70´ y 80´ se seguían aplicando medidas keynesianas propias del período de depresión. Seguía aplicándose criterios falsamente estratégicos, se acumulaba déficit, se acumulaba una deuda impagable, las empresas estatales estaban quebradas; se habían convertido en un hojaldre de ineficiencia, corrupción, politización , porque también allí hay factores culturales que influyen. No es una cuestión ontológica que una empresa estatal tenga que ser ineficiente: la Renault es una empresa estatal, la Nasa, en cierto sentido, es una empresa estatal; las nuestras eran verdaderas fuentes de ineficiencia, de déficit, eran expresiones de desmanejo, y todo eso se cubría con emisión que provocaba más inflación. A lo cual se sumaba esa inflación mundial. Vino la hiper, y entonces hacía falta, sin duda, una política antiinflacionaria drástica que se puso en marcha en 1991.
Ahora, eso tuvo dos partes: una la privatización, que yo creo que era necesaria. Mi idea era incorporar capital privado a las empresas estatales; era otro modelo. Pero, el hecho es que había que privatizar. Pero, privatizar es vender: hay que saber qué se vende, por qué se vende, en qué momento se vende y cómo se vende. Si no es algo de lo que uno pueda desinteresarse, como no son los servicios públicos, hay que saber, también, para qué y, a aquién se le vende. Y yo creo que ahí empezó esta cosa fundamentalista de vender, cómo sea, ya, inmediatamente todo.

Y el otro aspecto fue el de la convertibilidad, que no hay duda, fue muy eficaz para frenar la hiperinflación. Porque para frenar una hiperinflación hay que restringir los medios de pago, y la forma más drástica de restringir los medios de pago es vincularlos, a una tasa de cambio preestablecida, con la cantidad de reservas en el Banco Central. Con eso, si caen las reservas, hay que disminuir el circulante y para que aumente el circulante, para que se emita, tienen que subir las reservas. Esto es un mecanismo de regulación automática, tiene efectos seguros, y los tuvo y fue muy eficaz en la Argentina. Pero, después eso también se convirtió en una religión. Se hablaba del “modelo”, de la fórmula mágica del “primer mundo”. No se advertía que, cómo estábamos ligados a la moneda norteamericana, para mantener la paridad en verdad nuestra productividad tenía que crecer al mismo ritmo que la productividad norteamericana, y eso era muy difícil. Entonces se iba produciendo una revaluación en nuestra moneda y esa revaluación hacía difícil la colocación de nuestros productos en el exterior, a la vez que inundaba nuestro mercado interno de productos extranjeros que provocaban quiebras y desempleo. Además, para mantener la liquidez, para no secar la plaza, había que atraer capital financiero y naturalmente las tasas de interés iban siendo cada vez mayores porque el riesgo país aumentaba.

Bueno, todo eso se quiso cubrir, y aquí viene la otra paradoja. Que eso fue defendido por el liberalismo. Yo decía, al principio, que hay todo un sector de la población que no entiende que aumente el pescado en Semana Santa y las flores el día de los muertos, porque no tiene noción de la relación oferta-demanda, que es la ley fundamental del capitalismo. Es muy curioso que aquellos que sí tienen noción, hayan defendido al extremo la convertibilidad, siendo que la divisa es una mercancía cuyo precio estaba fijado poe el Estado y regulaba todos los otros precios. Y además, por efecto de la dolarización, en la Argentina, casas, autos, honorarios, todo se pacta y se pactaba, en dólares. De modo que, el estado fijaba un precio y, a la vez, fijaba indirectamente otros precios de la economía. Esto a mí me parece profundamente antiliberal; sin embargo, fue defendido desde sectores liberales. Y llegó un momento que así como a fines de los 80´ era muy claro para un observador imparcial -que con un estado quebrado, con una deuda impagable, sin reservas, con una inflación galopante- íbamos a un desastre, era muy claro también, a fines de los 90´ que íbamos a las tres “D”. Una finalmente no se dio , pero el pronóstico era que íbamos al default, la devaluación y a la dolarización. Yo creo, que afortunadamente no se dio la dolarización, pero ése era el riesgo. Y me parece que todo esto nos tiene que servir de enseñanza, porque creo que tanto el estatismo como el privatismo han provocado una decepción y provocan esta actitud de escepticismo en la gente.
En primer lugar, debemos ser honestos y decir que no hay remedios para todos los males, y que hay males económicos que son resultados de factores externos, internos, históricos, culturales, sociales; y que las soluciones económicas deben tener en cuenta, todos esos factores y en cada momento establecer prioridades, y ver cómo se ataca más eficazmente el problema que se presenta. Me parece que no hay duda que la propiedad privada es el mayor estímulo a la inversión y a la creatividad. Y no hay duda tampoco que el mercado es el mejor mecanismo para asignación de recursos. Entonces, si la propiedad privada es el mayor estímulo a la inversión, el mercado es el mejor mecanismo para asignar recursos, nuestras instituciones deben asumir el capitalismo como un modo de organización socio-económica. Pero, eso no quiere decir, abrazar una religión. Hay distintos modelos capitalistas , por supuesto muy diferentes, pero uno sobre el que se ha hablado mucho es el modelo renano donde hay producción subsidiada. Se ha llegado a establecer por ejemplo, impuestos de 70% sobre las ganancias no reinvertidas. Las privatizaciones han sido muy lentas. Las empresas con más de 2000 empleados tienen participación de los obreros en las tomas de decisiones. Bueno, esto ha ocurrido en Alemania. Pero, en Alemania occidental, si hablamos en términos históricos pre-caída del muro, en esa Alemania donde Alfred Müller- Armack diseño la economía social de mercado, con regulaciones, con una red de seguridad.

Yo creo que debemos establecer como objetivo el afianzamiento del capitalismo. Un capitalismo moderno, y creo que ese capitalismo tiene que tener un sentido social. En este sentido me parece que el objetivo para los próximos años debe ser el aumento acelerado de la productividad; es decir, mayor tecnología, mayor eficiencia, es una solución opuesta a la que el populismo plantea para resolver el problema de desempleo. Porque los populistas estimulan la mano de obra intensiva, y lo único que logran es menor competitividad. En el mediano y largo plazo agravan el problema de desempleo en vez de resolverlo. El mayor crecimiento del producto, la productividad tiene que crecer, si no, nos estancamos, pero el producto tiene que crecer más que la productividad; si no, agravamos el problema de empleo. Y ésta es una solución opuesta a la del liberalismo que se excede con la flexibilidad laboral y, al final, disminuye los puestos de trabajo.

Si yo tuviera que proponer metas diría la duplicación del producto en 10 años, para lo cual hay que crecer a una tasa de 7% anual; un aumento de 22% de la productividad en 10 años, para esto hay que crecer en una tasa anual de 2%. Si uno tiene en cuenta que en Estados Unidos en la post guerra la productividad creció a 3% anual, 2% es un esfuerzo significativo. Pero, hay una proyección econométrica que indica que por cada 3 puntos o 2 que crezca el producto, puede bajar un punto el desempleo estructural. Digamos que tenemos que hacer ese esfuerzo, y para eso necesitamos mega mercados. Para mega crecimiento, como significa crecer a 7% anual durante 10 años, hace falta mega mercados, si no, no hay mega crecimiento. Para esto tenemos que potenciar el mercado interno a través de una reforma tributaria, terminar con un sistema que grava ante todo el consumo y las transacciones. Necesitamos un mayor salario real. No es más competitivo el país que paga salarios más bajos, sino el que añade más valor. Si no Japón, Alemania, serían países poco competitivos y los países africanos serían países muy competitivos. Hay que tomar el Mercosur como un mercado interno ampliado. No para establecer a mayor escala de proteccionismo, sino para tomar una plataforma de lanzamiento, para irrumpir en el mercado mundial con nuevas ventajas competitivas, con valor agregado. Las materias primas que están sujetas a precios variables no aseguran la financiación de las importaciones de bienes de capital que necesitamos para una tasa de crecimiento continuado de 7%. Y para desarrollar nuevas ventajas competitivas, necesitamos investigación y desarrollo, infraestructura, política industrial, y promoción de exportaciones. Me parece que si el debate se concentrara en estas cosas y no en esas competencias casi religiosas entre estatismo y liberalismo, habremos avanzado más de lo que hemos podido avanzar en estos últimos años.